En vez de utilizar la autovía N125 que va desde Lagos hasta Sagres, que es el camino más lógico, rápido y cómodo, decidimos hacer una ruta por los pueblos pesqueros dirección oeste. La primera parada fue el pequeño pueblo de Luz, tristemente conocido mundialmente por la desaparición de la pequeña Madeleinne hace unos años. En Praia Da Luz, destacar la iglesia de Sao Vicente, pintada en blanco y amarillo, así como las vistas a las hoyas de agua en la roca junto a la playa de forma de media luna con acantilados al fondo.
Ya desde este paraje virgen verá a lo lejos en el horizonte el cabo de San Vicente.
Siguiendo dirección Vila do Obispo, y ya en la N125, llegamos a la capilla del siglo XIII de Nossa Señora de Guadalupe, donde entró a rezar el príncipe Enrique el Navegante cuando vivía en Raposeira, pueblo muy cercano a la ermita, pero que al ser mediodía se encontraba cerrada y sólo pudimos ver la sencillez de sus muros exteriores.
La siguiente parada fue A Bateria do Zavial, al final de una carretera sin salida que te lleva directamente a la costa, donde hicimos parada para comer, en plan picnic, junto a los acantilados, escuchando el rugir de la furia del mar contra las paredes verticales de roca y los incesantes graznidos de las cientos de gaviotas que hay por toda esta ruta. Me llamó la atención que en esta zona hay muchas autocaravanas donde los jóvenes hippies con sus rastas comparten este pequeño paraíso escondido con los viejos y curtidos pescadores de caña al borde de los acantilados.
En el pueblo de Vila do Obispo visitamos la preciosa iglesia barroca, blanca y amarilla también, de Nossa Señora da Conceicao, en la plaza principal. El interior es de principios del siglo XVII, recubierto hasta el techo de azulejos azules y dorados. Las bóvedas están pintadas y guarda ricos retablos. En el interior custodiando la iglesia se encontraban un reducido grupo de ancianas típicas de pueblo, con sus vestimentas negras, sus pañuelos sobre la cabeza y sus bocas desdentadas que fueron tan amables de dejarnos hacer algunas fotografías. Antes de seguir nuestra ruta hicimos un paseo en coche por las escondidas y estrechas calles, tanto es así que me quedé sin poder continuar hacia delante, teniendo que volver marcha atrás un gran tramo de calle.
Son espectaculares las vistas desde lo alto, mirando hacia las decenas de metros la altura a la que se puede apreciar las olas ayudadas por el fuerte viento romper contra los acantilados golpeando las rocas creando un atronador ruido sobrecogedor.
Música: La Grange de ZZ Top
Viendo tal imagen con el horizonte a lo lejos se da uno cuenta de lo minúsculo que es cada uno de nosotros y lo hermosa y enigmática que es la naturaleza. No me extraña que la historia de los portugueses esté salpicada de insignes navegantes y aventureros, ya que desde aquí se adentraban al extremo del mundo hacia el fin del mundo, hacia lo desconocido.


