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martes, 9 de abril de 2013

RUTA DE LOS PUEBLOS BLANCOS - SIERRA DE GRAZALEMA

Muchas veces los infortunios del pasado como las guerras que tanto daño causaron a nuestros antepasados fueron el origen de lo que a día de hoy, con el paso de los de los siglos, han llegado a convertirse en monumentos dignos de ver como pueden ser los castillos, las fortalezas o las murallas que hoy admirados con envidia, pudiendo conocer así la cultura y costumbres de lejanas civilizaciones que nos han dejado su impronta.
Uno de estos infortunios fue la entrada de una fuerte epidemia de fiebre amarilla, a principios del S. XIX, por el puerto de Cádiz proveniente de los buques que venían de América. Los lugareños intentando huir de la mortal epidemia fueron emigrando a la sierra, extendiendo de esta manera la enfermedad. Como efectiva prevención decidieron utilizar el encalado, de origen árabe, como medida higiénica para desinfectar las casas y calles de los pueblos. Es de aquí de donde proviene el origen de los pueblos blancos que a día de hoy todavía siguen blanqueando sus hogares y fachadas.
Es cierto que hay muchos pueblos blancos repartidos por toda Andalucía pero existe una ruta conocida como tal que une Cádiz y Málaga, ya que están todos correlativos y relativamente cerca. Esta ruta no se lleva a cabo por la vía más rápida, que es la costera, sino por la más bella, la del interior, la de la sierra.
La RUTA DE LOS PUEBLOS BLANCOS es un itinerario que parte de Arcos de la Frontera, en la provincia de Cádiz y termina en Ronda, ya en Málaga. En el camino, los senderos de antaño, hoy también carreteras, se vuelven quebradizos, empinados y escarpados que atraviesan paisajes y pueblos de los más bellos de Andalucía.

Ruta de los Pueblos Blancos
Empezamos la ruta por ARCOS DE LA FRONTERA que se puede decir que es la capital y puerta de entrada a la ruta por el poniente. Quizás esta “capitalidad” la tiene ganada ya que es uno de los mayores pueblos de la ruta y con mayor valor monumental reuniendo además lo que definen la gran mayoría de ellos: estar enclavado en lo alto de una gran peña y con un patrimonio histórico envidiable.
Arcos de la Frontera
El río Guadalete ha ido formando a través de los tiempos un valle bajo la impresionante ladera y peña donde se encuentra el centro histórico de la ciudad. La época medieval y morisca transformaron la fisonomía de Arcos en callejuelas de trazado caprichoso, esquinas de macetas sobre la cal blanca, murallas defensivas que todavía perduran y altos miradores a la extensa campiña gaditana. En algunos lugares uno se encuentra sumergido totalmente en el pasado, es como la Baeza jienense sustituyendo la piedra por la cal. Entre las numerosas iglesias destaca la mayor y más antigua de Arcos, la Basílica Menor de Santa María de la Asunción, que tiene todos los derechos y privilegios de las basílicas de Roma. Parece increíble que el tráfico rodado moderno haya podido acceder por las callejuelas aledañas a la plaza del Cabildo, que es donde se encuentra la Basílica Menor, el Parador Nacional, el Ayuntamiento y el Mirador de la Peña, quizás el más visitado por sus inmejorables vistas. Esta plaza, la del Cabildo, el centro neurálgico e histórico de la ciudad está rodeada de bellos edificios que queda empañada de manera considerable por estar a todas horas completamente sitiada por la cantidad de coches aparcados en ella.


 
 
En Arcos hay numerosos restaurantes y tabernas para poder comer y tapear con una buena copa de fino o manzanilla. El bar típico que voy a recomendar, entre todos en los que estuvimos, por lo peculiar, ya que está enclavado en el interior de una cueva, y por lo bueno de sus platos, es el “Alcaraván”. Regentado por un matrimonio: la mujer se dedica a la comida y a la barbacoa que se sitúa en plena calle a la entrada del bar y él es el que sirve las mesas. La espera en ser atendido no es excusa para entrar y tomarse cualquier tapa de las que se pueden degustar en un enclave tan singular.


Otro de los pueblos que visitamos es ALGAR, un pequeño pueblo, no muy conocido, entre El Bosque y Arcos de la Frontera que fue fundado en 1773 cuando Domingo López de Carvajal cumplió la promesa cuando en uno de sus viajes entre México y España, le sorprendió una gran tormenta en mitad del océano prometiendo a la Virgen de Guadalupe que si sobrevivía fundaría un pueblo en lo más intricado de la sierra gaditana. Ahí nació Algar, que como se puede comprender no es que se pille de paso precisamente.


EL BOSQUE, también pequeño y también blanco, está enclavado a medio camino de la ruta. Con numerosas calles estrechas y cuestas empinadas, como la del Callejón de la Fragua. Al igual que Ubrique, éste también tiene una buena industria del cuero y la piel. Este pueblo es la puerta de entrada natural al otro gran atractivo de la zona aparte de sus pueblos, que no es otro que su sierra, la de Grazalema.


Supongo que si pensamos cual es el sitio más lluvioso de España seguro que nos viene a la mente Asturias, Galicia o tal vez Cantabria. Pero no, está en Andalucía y más concretamente en la gaditana SIERRA DE GRAZALEMA. Las nubes procedentes del Atlántico tropiezan con el conjunto de picos calizos formando frecuentes lluvias que hace tan atípico este fenómeno en este lugar. Quizás esta anomalía, unida a la altura topográfica, es la más adecuada para que enraícen los pinsapos, unos abetos prehistóricos (anteriores a la última glaciación) que sólo se pueden ver en esta singular sierra boscosa.

Detalle de un pinsapo en la Sierra de Grazalema

Estos árboles tan atípicos nos acompañan durante las sinuosas carreteras que unen los diferentes pueblos, como en Benamahoma (en árabe, hijos de Mahoma), que es una pedanía de Grazalema, donde el silencio, la serenidad de sus calles y el olor de sus flores es una grata invitación para el disfrute de nuestros sentidos.

Benamahoma
Dejando atrás la aldea de Benamahoma llegamos a lo alto Puerto del Boyar por una serpenteante carretera, con buen firme, pero con muchas curvas. La panorámica desde aquí al valle y a las sierras vecinas hace inevitablemente que esta pequeña parada para relajarse sea el complemento perfecto del verde de la sierra con el blanco de los pueblos.

Pasado este puerto de Montaña nos encontramos con GRAZALEMA, que además del nombre de la sierra es un pequeño pueblo encantador donde todavía se puede encontrar la arquitectura típica de casas de cal blanca, puertas antiguas de madera y rejas de forja en las ventanas. Un pueblo con su atalaya sobre los morros mas altaneros de la sierra, que hace doscientos años daba cobijo a numerosos bandoleros, como el famoso cordobés José Mª “el Tempranillo” que se casó con una gaditana teniendo a su hijo aquí, mientras se escondía del ataque de los soldados franceses en la Guerra de la Independencia.

Grazalema
Una vez dejado atrás el pueblo de Grazalema y a pesar de que al principio bajamos por una carretera con una gran pendiente llegamos al que resulta ser el pueblo más alto de toda la provincia de Cádiz, VILLALUENGA DEL ROSARIO,… y el de menos habitantes. Estas dos curiosidades no podían darse en un pueblo que no tuviera la belleza de éste, ya que está enclavado en la falda de un macizo rocoso que hace de pared norte del pueblo. 
Villaluenga del Rosario
Arquitectónicamente hablando, aparte de las casas blancas, que dan nombre a todos estos pueblos de origen musulmán, es su peculiar plaza de toros de forma poligonal. Pero si algo recuerdo y todavía aún sigo paladeando (ya que compré algunas piezas) es el famoso queso Payoyo, originario de este pueblo de las cabras autóctonas llamadas payotas, pero que se puede encontrar en todos los de esta zona. La leche de estas cabras han hecho las delicias, en forma de queso, en restaurantes tan aclamados como los de Ferrán Adriá o Carme Ruscalleda.

El último pueblo que visitamos fue ZAHARA DE LA SIERRA cuya silueta nazarí reflejan las aguas turquesas del pantano Zahara-El Gastor.


Ésta es una de las de las estampas típicas no sólo de Andalucía sino de España por su gran atractivo paisajístico con el pequeño pueblo blanco entre la torre del homenaje del castillo en lo alto de una gran peña y las aguas del embalse abajo. Un conjunto que forman uno de los pueblos más bellos de Andalucía,… que no es poco. 
Zahara de la Sierra

Y es que la Ruta de los Pueblos Blancos tiene la esencia del corazón mismo de Andalucía con un sinfín de matices en los alegres colores de las buganvillas, claveles y gitanillas, en el blanco de sus paredes encaladas, en el verde profundo de sus sierras de pinsapos y en el azul intenso de sus cielos.
Atrás me he dejado algunos pueblos sin ver como Ubrique, Setenil de las Bodegas, Olvera o la mismísima Ronda. Así que tengo la excusa perfecta para volver a acercarme al inmenso patrimonio histórico, artístico, cultural y natural de esta zona.

martes, 15 de enero de 2013

NAVIDAD EN CASTILLA Y LEÓN (y II): ÁVILA

¿Sabéis cual es la segunda capital de provincia más alta de España? Pues no sé, pero sí que la primera que se encuentra más alta con respecto al nivel del mar es Ávila, así que se podéis imaginar las temperaturas que puede haber en pleno mes de diciembre.

Ávila es conocida por su famosa muralla que envuelve completamente su casco viejo y que es el icono más representativo de la ciudad, y no es para menos ya que este elemento defensivo de finales del siglo XI es el único que está completo en todo su recorrido original, la muralla mejor conservada de Europa, la de mayor tamaño tras la Gran Muralla China con sus más de 2500 metros de longitud y el monumento más grande iluminado completamente. Las murallas separaban la civilización de lo salvaje, se abrían para acoger y proteger y se cerraban para los peligros y las enfermedades. Lo que antes la hacía inexpugnable para los invasores ahora es una invitación a los visitantes para adentrarse en ella y encontrar los tesoros ocultos que cobija. Sólo el poder admirarla desde dentro, desde fuera o desde encima de ella por el recorrido habilitado, junto a sus almenas, es suficiente para una visita a esta ciudad castellana.

Esta ciudad, por suerte, es mucho más que su afamada muralla. La mayoría de sus encantos se encuentran en el interior de la ciudad fortificada, pero en el exterior de la misma nos sorprenderemos gratamente con la Basílica de San Vicente, la más importante de las iglesias románicas de todas las de la ciudad y con los monasterios de Santa Ana, San José o de la Encarnación. Por la parte baja de la ciudad, en el oeste, la ciudad termina en el río Adaja junto a una de sus nueve puertas, la del Río. Muy cerca de este punto, se encuentra el antiguo humilladero de los Cuatro Postes que desde aquí podemos encontrar la mejor panorámica de la ciudad.
Los Cuatro Postes, con Ávila al fondo
Uno de los mejores recorridos extramuros es por el peatonal Paseo del Rastro, junto a la cara sur de la muralla, con vistas al majestuoso Valle del Amblés.
Paseo del Rastro
El punto de encuentro y centro neurálgico de la ciudad es la porticada Plaza de Santa Teresa o también llamada del Mercado Grande. Aquí se encuentra uno de los accesos principales al interior de la ciudad amurallada por la Puerta del Alcázar.
Puerta del Alcázar desde la Plaza de Santa Teresa, Diciembre de 2012

Puerta del Alcázar, 1954
En la ciudad intramuros la vida fluye lentamente, con el sonido insistente de las campanas de las iglesias románicas que abarrotan todo el casco antiguo. Un casco viejo con una estructura urbanística típica medieval con un trazado irregular de callejuelas, esquinas, recodos y plazas recoletas. En el punto más alto de este laberinto de casas señoriales, iglesias y conventos se encuentra la catedral. En contraste con la de Segovia que es la última de estilo gótico español, la Catedral de Ávila es el primer exponente de este estilo. La catedral, además de templo cristiano sirvió en la época de la Reconquista como fortaleza. De hecho su ábside forma parte de la muralla defensiva, compartiendo las mismas piedras. Espectacular el altar mayor del maestro Pedro Berruguete, así como el tesoro catedralicio que alberga en su interior.
Catedral de Ávila
Desde la catedral y continuando por la calle más populosa y comercial de la ciudad, la de los Reyes Católicos, se llega a la Plaza del Ayuntamiento, también denominada del Mercado Chico, ya que allí se celebra todos los viernes el mercado de frutas, verduras, hortalizas y demás productos de la provincia.
Ávila es una ciudad pequeña, sencilla, impregnada de un aire medieval y renacentista, que permanece inalterable al paso del tiempo, por lo que no es difícil imaginar que esta ciudad fuera ideal para el recogimiento de personas de alma pura y corazón noble como el místico San Juan de la Cruz, vicario en el Monasterio de la Encarnación y que elevó la poesía mística española a su cota más alta, y sobre todo por Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús.
Santa Teresa de Jesús
Y es que si Ávila es conocida, además de por sus murallas, es también por ser la ciudad donde nació Santa Teresa de Jesús, que llevó a cabo la reforma de los Carmelitas e innumerables fundaciones y que tuvo una interesantísima vida gracias a sus viajes por toda la España de la época. En la plaza de la Santa, que es distinta a la de Santa Teresa, está el convento de las carmelitas, el museo con manuscritos, efectos personales y reliquias de la Santa y la Iglesia de Santa Teresa, lugar donde se encuentra la habitación donde nació y que hoy en día es una pequeña capilla, siendo este lugar el más visitado de toda la ciudad. La historia pasada y viva de Ávila se identifica inevitablemente con la figura y obra de Santa Teresa de Jesús. Es ahora cuando comprendo uno de los dichos que definen a Ávila: “ciudad de cantos y de santos”.

Entre los numerosos edificios civiles y religiosos del casco antiguo, y principalmente entre la catedral y la Plaza del Mercado Chico se encuentran numerosos restaurantes que ofrecen viandas que a buen seguro debieron deleitar a los antiguos moradores de esta ciudad. Platos calóricos de una gran riqueza gastronómica para combatir las gélidas temperaturas de la gran meseta española. Son muy característicos encontrar en las mesas abulenses los platos de judías de El Barco (pueblo cercano a la capital), la crema de verduras de Santa Teresa, las patatas revolconas (que son patatas guisadas machacadas con torreznos) y por supuesto el famoso chuletón de Ávila, que se trata de una gran chuleta de ternera a la parrilla y poco hecha. Esta excelente carne es de la raza autóctona avileña, cuya fama trasciende las fronteras no solo de la provincia, sino del país. Con estas carnes y estos guisos castellanos no me extraña para nada no encontrar en todo el casco viejo ningún establecimiento de hamburguesas, kebabs o bocadillos. Por una vez la comida autóctona ha ganado la batalla a la foránea.
Comida típica abulense
De postre nada igual como las yemas de Santa Teresa o yemas de Ávila, que se elaboran con la yema del huevo y azúcar. Para degustar todos estos platos en un excelente menú se puede ir uno al restaurante “Tres siglos”, junto al mercado municipal. Tanto en éste como en casi todos los restaurantes de la zona hay varios precios para distintos tipos de menú que se ajustan al precio de cada comensal. Lo que no falta en ningún bar o restaurante de la ciudad es la tapa gratis con tu consumición como en “El buen yantar” o el de la vinoteca, con tapas más elaboradas, de “La bodeguita de San Segundo” en el lado exterior de la muralla.



Los abulenses tienen la suerte de ser los herederos no sólo de una ciudad hermosa, sino que además es austera, solitaria, nostálgica, silenciosa y auténtica, mucho más que sus vecinas Salamanca o Segovia. Por muchos lugares que el viajero visite después, nunca la olvidará. Todo esto gracias a las huellas que la historia ha ido forjando en los fríos cantos de piedra y en sus gentes de un carácter sencillo como la serena nobleza de sus santos.

sábado, 29 de diciembre de 2012

NAVIDAD EN CASTILLA Y LEÓN (I): SEGOVIA

En estas fechas es muy típico las comidas con compañeros, amigos y familia, también es muy frecuente en estos días dedicar algunas tardes para realizar compras y todo esto es posible porque disponemos de algo más de tiempo libre que en el resto del año, es lo por lo que se puede aprovechar para realizar algún viaje, ya sea en el Puente de la Inmaculada, en Navidad, Año Nuevo o Reyes.
Si eres de los que en estos días vas buscando los espectaculares alumbrados de Navidad en la principales avenidas de una gran ciudad o los mastodónticos centros comerciales con todos los escaparates iluminados y adornados convenciéndonos para entrar a comprar, quizás esta entrada de este blog no sea la más adecuada, pero si en cambio buscas alguna ciudad relativamente pequeña y algo más tranquila que las grandes urbes y que vive la Navidad de otra manera, Segovia podría ser un buen lugar para pasar algunos de estos días.


Segovia es una ciudad que se encuentra a las faldas de la Sierra de Guadarrama que sus 55000 habitantes hacen que la capital sea como un gran pueblo grande que se puede recorrer perfectamente a pie y ver en pocos días.
Lo más destacable de esta ciudad y cuyo emblema la hace internacionalmente conocida es su acueducto romano. La distribución de fuerzas de sus 166 arcos unidos por piedras de granito hacen que no necesiten ningún tipo de argamasa por lo que parece increíble que haya aguantado impasible en tan buen estado después de casi 2000 años. Una obra de ingeniería que no se cansa uno de ver desde cualquier punto de vista, ya sea desde abajo, arriba en las murallas o desde la lejanía, de noche o de día. Todo un símbolo de la arquitectura romana en España.

 
Acueducto de Segovia

Si otro monumento que también identifica a Segovia, es su alcázar, residencia oficial de los principales reyes castellanos, de los Reyes Católicos y de los reyes posteriores. Para llegar a este emblemático edificio, en el extremo oeste de la ciudad, se puede hacer por tres recorridos distintos.


El más concurrido y directo es partiendo desde la misma plaza Azoguejo, donde se encuentra el acueducto, por la calle Cervantes, pasando por la Casa de los Picos (donde se pueden ver exposiciones de arte) hasta llegar a la calle Juan Bravo que es la arteria más comercial y viva de la ciudad. Anexa a esta peatonal calle está la plaza de San Martín con la Iglesia románica del mismo nombre, junto al Torreón de Lozoya donde en estos días se puede contemplar una magnífica muestra de belenes con piezas del S. XIX. Desde Juan Bravo continuamos por la calle Isabel “La Católica” que confluye en la Plaza Mayor donde los soportales de la misma acogen el ayuntamiento de la ciudad, el Teatro Juan Bravo y la catedral.
La Catedral de Segovia es conocida como La Dama de las Catedrales por sus dimensiones, su elegancia y por su esbelta torre del campanario que se divisa a decenas de kilómetros. Debido a que su construcción se dilató durante más de 200 años, es de las últimas catedrales de estilo gótico, aunque ya contiene algunos rasgos renacentistas.

Catedral de Segovia, desde la Plaza Mayor
Desde la catedral hay un pequeño paseo hasta llegar al otro edificio emblemático de Segovia, el Alcázar. Este edificio de origen medieval cambió su fisionomía en las posteriores restauraciones llevadas principalmente por Felipe II, que, gracias a la grandeza de su imperio, fue el que le dio la actual forma de castillo centroeuropeo, tan poco utilizado en España, con sus cubiertas cónicas de pizarra negra sobre las torres. Desde este castillo salió Isabel “La Católica” para coronarse reina en la cercana Iglesia de San Miguel, en la Plaza Mayor de la ciudad. En su interior podemos apreciar su patio de armas, la Sala de los Reyes y las estancias privadas de todos los reyes que han morado en el castillo, principalmente el hermano de Isabel, Enrique IV, que era un completo enamorado de la ciudad. Si se dispone de una buena salud física es casi imprescindible la subida de los 152 escalones de la Torre de Juan II para ver una de las mejores vistas de la ciudad, de la meseta castellana y de las nevadas cumbres de Guadarrama.

Alcázar de Segovia
Otra de las rutas propuestas para andar desde el acueducto hasta el alcázar es por el Barrio de los Caballeros. Este es el barrio más al norte de la ciudad. Por sus calles podremos admirar y contemplar el pasado de más esplendor de la ciudad en la que las familias nobles y poderosas construían sus casas palaciegas a la sombra de la corte. Por estas callejuelas nos encontraremos con palacios góticos, renacentistas y barrocos, y fachadas con el típico esgrafiado segoviano en sus paredes. También saldrán a nuestro paso numerosos conventos e iglesias románicas donde destaca sobre todas las demás, la de San Esteban, con su fantástico atrio que cobija la portada de la iglesia, sus capiteles de las columnas pareadas y la torre de 53 metros de altura que es visible desde muchos puntos de la ciudad. Una iglesia de las más bellas del románico castellano, y más si la encuentras sin esperarla, de noche, a la luz tenue de las farolas y con las calles semidesiertas.

Iglesia de San Esteban
La otra zona, también para pasear entre el alcázar y el acueducto, es la de la judería, muy cercana al barrio de la catedral. Este arrabal se percibe más humilde, con casas de cal y entramados de madera. En él se encuentra la Sinagoga Mayor, que ahora no es visitable por estar en restauración. Está protegido por las murallas y sus siete puertas, donde pudimos acceder y subir por la de San Andrés, con vistas al cercano arroyo Clamores donde se encuentra el cementerio judío de la ciudad.
Puerta de San Andrés (2012)

Puerta de San Andrés (postal de 1920)

Segovia, una ciudad que asombra e impresiona desde su interior, desde dentro de sus murallas, pero también desde fuera, desde sus alrededores. Podemos bordearla por la orilla del arroyo Clamores con una panorámica desde abajo de la catedral y del Alcázar para continuar con la vega del otro río que abraza la ciudad, el Eresma, para completar la ciudad por sus dos flancos en los que está levantada. Por este lado y cerca del cruce con la carretera que nos lleva al vecino pueblo de Zamarramala, se encuentra en un privilegiado mirador de la ciudad, la pequeña y austera Iglesia de la Vera Cruz, de la Orden de Malta, con su planta circular y torre cuadrada. Una parada en las afueras para apreciar, con la tranquilidad y la belleza del lugar, Segovia. Una ciudad para pasear, para comer, para relajarte, para dejarse llevar con una contradicción ya que quizás uno de sus atractivos sea también uno de sus mayores inconvenientes, la gran cercanía a Madrid hacen que en estos días se llene de turistas, abarroten las calles, los comercios y los bares quitándole quizás ese punto de tranquilidad que esta ciudad necesite para apreciarla en todas sus vertientes.



De todos es conocido que el plato típico segoviano es el cochinillo al horno, pero no sólo de carne se alimenta el hombre, así que aquí también es muy conocida la Sopa Castellana (muy parecida a la sopa de ajo) y de postre el Ponche Segoviano, que es un postre a base de huevo, crema, mazapán y bizcocho todo cubierto de azúcar glas.

Sopa castellana, cochinillo asado y ponche segoviano
Todo muy bueno y muy recomendable pero que no degusté en la capital segoviana, sino que lo hice en una pequeña salida que hice a uno de los pueblos mas auténticos arquitectónicamente hablando y muy conocido últimamente por los rodajes que en él se hacen. El pueblo es Pedraza, a unos 40 km de la capital. La única entrada al pueblo es por un pequeño arco de piedra que una vez se cruza parece como si retrocedieras 500 años.
Plaza Mayor de Pedraza (Segovia)
Un pueblo amurallado, con castillo incluido que actualmente pertenece a la familia del pintor Ignacio Zuloaga, de piedra y madera donde apenas se puede ver algún elemento discordante, no sólo en el centro, sino en toda la villa. Es sorprendente pasear por cualquier calle de Pedraza, rodear una esquina y seguir encontrándote los letreros, las farolas, las casas,… típicamente medievales, como su Plaza Mayor porticada donde se encuentra la Iglesia de San Juan, el ayuntamiento y algunos restaurantes. En esta plaza se han rodado algunos anuncios publicitarios como el de “La Lechera”, series de TV como “Tierra de lobos”, “Toledo”, “Águila roja”, “Isabel” o películas como la última versión de “Blancanieves”. Un pueblo de cine donde el decorado son las piedras centenarias que lo forman.



martes, 2 de octubre de 2012

RIGA

Son muchas las ciudades y países que algún día uno desea poder ver. Algunas ya las he visitado, muchas otras están pendientes y muchas más se quedarán sin visitar, pero a veces uno descubre una ciudad, un país, un lugar que en un principio no pensaba visitar en la vida. Este es el caso de Letonia y su capital Riga.

Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Junto a Lituania y Estonia forman las repúblicas bálticas. Letonia tiene una historia muy truculenta debido a las innumerables guerras que han asolado a la Europa del Este durante tantos años. Llegó a formar parte de Rusia a primeros del siglo XX, de nuevo independiente para posteriormente ser parte de la antigua Unión Soviética. Ocupada por la Alemania Nazi hasta que en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial fue anexionada a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hasta que una vez caída ésta se independizó y se exfederó hace tan solo 21 años, por lo que desde 1991 es totalmente independiente e integrante desde el 2004 a la Unión Europea.
Toda esta historia ha ido conformando una ciudad de contrastes, desde su casco antiguo medieval a las fachadas Art Nouveau de la Belle Époque o a los austeros bloques de viviendas de la época comunista, en los barrios periféricos de la ciudad.


El centro histórico de Riga destaca por una belleza exagerada con una variada arquitectura donde destacan las cubiertas de las torres verdes debido al óxido de cobre que las continuas lluvias han retocado su apariencia. Las intrincadas callejuelas serpentean entre las coquetas casas pintadas de colores, como las de la plaza Livu (Livu Laukums), centro neurálgico del casco viejo. En esta plaza se encuentra la curiosa Casa de los gatos que puede pasar desapercibida entre todos los demás edificios, todos ellos rodeados de los puestos ambulantes de colgantes y pulseras de ámbar, matriuskas, flores o cuadros pintados a mano que se encuentran junto a numerosas terrazas.
Livu Laukums
Otra gran plaza del centro es la Dome Laukums donde está la catedral luterana de Dome, que no tiene el ambiente de la anterior pero si una majestuosa arquitectura de las señoriales fachadas que la encierran.

Conforme vas andando por el casco viejo te vas dando cuenta de lo pequeño y desconcertado que es, tanto que es tan fácil perderse como volver a encontrarse. Mientras tanto, se van descubriendo otras joyas de la ciudad como los tres hermanos (tres fachadas contiguas, siendo una la más antigua de la ciudad), la Torre de la Pólvora, el Castillo de Riga (residencia oficial del Presidente letón) junto a la Catedral Católica de Santiago. La postal típica de la ciudad la encontramos en la plaza del ayuntamiento en la Casa de las Cabezas Negras, donde el dorado de sus elementos se refleja en los ladrillos rojizos de su fachada.
Casa de las Cabeza Negras e Iglesia de San Pedro,desde la plaza del ayuntamiento
La mejor vista de Riga a vista de pájaro, junto a la del “Skyline Bar” en la planta 27 del hotel Radisson Blu, es desde lo alto de la torre de la Iglesia de San Pedro. Desde aquí se puede divisar una magnífica panorámica de 360º de toda la ciudad: la imponente torre de telecomunicaciones con sus 368 m de altura (segunda más alta de Europa y doceava del mundo), el río Daugava, que parte en dos la ciudad, la antigua torre de la época comunista, hoy en día Casa de la Cultura, justo detrás de los cinco hangares, hoy mercado, donde se guardaban los zeppelines. A lo lejos, ya fuera del casco antiguo, detrás del Monumento a la Libertad, la Catedral Ortodoxa y justo debajo, a nuestros pies, todo el casco viejo. Unas vistas, unos recuerdos fijos e indelebles en la memoria.
Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Dejando atrás el casco viejo, pasando por el Parque Bastejkalns (atravesado por un precioso canal), siguiendo por la avenida Brivibas Iela (que durante la ocupación nazi se llegó a llamar Adolf Hitler) y pasando por el Monumento a la Libertad, (una gran columna con escultura de mujer en su cúspide que conmemora a los soldados caídos en la guerra de la independencia de Letonia) se llega a la que para mí es el monumento más bello de toda la ciudad, la Catedral Ortodoxa de Riga. Una construcción del último cuarto del siglo XIX con una arquitectura típica rusa con sus cúpulas oscuras con bordes y remates dorados soportados por decenas de pequeños arcos, sus muros bicolores de ladrillo visto que realzan mucho más su espectacularidad. La mejor estampa de la ciudad para adquirir una postal antigua, de 1904. Otro pequeño tesoro para mi colección.


Catedral Ortodoxa 2012, desde el hotel Radisson Blu
 
Catedral Ortodoxa, 1904

Paseando por la ciudad se da uno cuenta del pasado comunista del país, todavía perduran los viejos trolebuses de cable o tranvías sobre raíles, los carteles que en algunos lugares aún se puede leer los caracteres cirílicos, así como la cultura por lo público, ya que es sorprendente las grandes avenidas con casi todos los aparcamientos vacíos de vehículos ya que sus habitantes siguen utilizando el baratísimo transporte público. Otro asunto que no me dejó indiferente es la cultura por el deporte, es ardua tarea encontrar personas obesas ya que desde los colegios les inculcan una vida de salud y deporte. Un país que mira hacia delante cultural y lingüísticamente ya que la gran mayoría de sus habitantes jóvenes y de mediana edad hablan perfectamente el inglés. A veces resulta que nosotros no estamos tan adelantados como creemos.

Otro de los grandes atractivos y que sólo por éste es una escusa perfecta para una visita a Riga, es la arquitectura Art Nouveau que se puede apreciar en una gran parte de la ciudad. Y es que la capital europea de esta corriente artística no es ni París, ni Praga, ni Bruselas,… es Riga, ya que es la que tiene más edificios modernistas por metro cuadrado. Grandes fachadas con elementos curvos o entrelazados inspirados en la naturaleza, imágenes de féminas con expresiones realistas que enfatizan las decenas de edificios que bordean al casco viejo de Riga. Un paseo inolvidable no sólo para los amantes del arte, sino para cualquiera con un mínimo de sensibilidad y buen gusto.



La recomendación gastronómica de esta entrada se encuentra justo al lado la Torre de la Pólvora, “Taverna pie Sena Dzintara Cela”, típica taberna donde las camareras ataviadas con el traje típico letón nos dieron la bienvenida con el alegre canto de sus trovas tradicionales. Durante la cena, a la luz de las velas, se degusta los productos típicos de las cuatro provincias de Letonia, como sus quesos, panes, legumbres, su licor popular (bálsamo negro), cervezas, etc. Un buen lugar para brindar por todos los atractivos de Riga y Letonia.



Riga, la gran joya escondida del Báltico a la sombra de las más conocida Tallín, en Estonia (ambas ciudades Patrimonio de la Humanidad), pero que algunos turistas españoles que conversamos nos aseguraron que Riga es más desconocida pero encierra más belleza. Una ciudad que se puede ver en 2 o 3 días, y que con algunos días más también se puede visitar sus alrededores como Jurmala, Sigulda, el castillo de Turaida, la cueva de Gütmana, el río Gauja… que por supuesto también recomiendo.

sábado, 28 de abril de 2012

CUENCA

Con el pasar del tiempo voy poco a poco visitando sitios soñados, rincones persistentes en la memoria y ciudades encantadoras, en definitiva lugares que llevaban ya bastantes años pendientes. En uno de los últimos puentes, contando con los pocos días que tenía disponibles y los múltiples atractivos, el destino estaba muy claro, la ciudad de Cuenca y su provincia.

Como casi todas las ciudades con historia se pueden dividir entre la parte nueva y la antigua, y ésta no podía ser de otra forma. Así que para acceder al casco viejo que está en la parte alta de la ciudad y que es uno de los cascos antiguos españoles declarados Patrimonio de la Humanidad, se alcanza casi obligatoriamente por la colorida calle Alfonso VIII, una cuesta arriba que es un gran mosaico de fachadas de alegres colores que te dan idea de la arquitectura y el carácter de los lugareños.

Calle Alfonso VIII
La calle acaba en los soportales del ayuntamiento que es el acceso principal de la Plaza Mayor, corazón neurálgico del casco viejo de la ciudad donde se puede acceder a la gran mayoría de las callejuelas.
Una plaza mayor, de forma trapezoidal, no muy grande donde se concentran algunos bares y restaurantes, las típicas tiendas de regalos, algún convento y la catedral.

Uno de las primeros lugares para hacerse una imagen general de la ciudad es ascender hasta el punto más alto de la ciudad, junto al castillo, como es conocido por los conquenses, aunque más bien se podría decir la muralla del castillo ya que es lo único que queda de la fortaleza medieval. Desde este punto se puede divisar todo el casco antiguo de la ciudad, la hoz del Huécar, el convento de San Pablo que actualmente acoge al Parador Nacional de Cuenca. Una de las mejores vistas de la ciudad.


Junto al castillo, en la Puerta del Trabuco, hay un mirador que se puede apreciar la hoz del Júcar, otra impresionante cuenca al igual que la del Huécar, constatando así que la ciudad está prendida entre los dos grandes valles de dos pequeños ríos formando una imagen única donde las casas se asoman al abismo sobre las alturas. Pocas veces arquitectura y naturaleza forman un equilibrio tan espectacular y perfecto.

El centro del casco antiguo y origen de las callejuelas de la ciudad es su Plaza Mayor donde se enclava el monumento más importante de toda la ciudad, la catedral. La primera catedral gótica de Castilla, que abarca en su arquitectura desde estilo al renacentista pasando por el barroco. Quizás lo que más sorprende son sus novedosas vidrieras de arte abstracto que conjuga genialmente con una edificación gótica, dando una luminosidad en el interior de la misma nunca vista por mí en edificios de esta naturaleza. Totalmente plausible la mezcla de estilos tan variados y tan lejanos en el tiempo en un único recinto.



Cuenca es una ciudad que te invita a pasearla, mirarla y enamorarte de ella. Muchos son los lugares donde disfrutarla. Muy cerca de la catedral, en el casco viejo todo queda cerca, está el puente de San Pablo, una estructura metálica creada por un discípulo de Eiffel muy criticada por el pueblo ya que tras derrumbe de una parte del antiguo puente de piedra se optó por sucumbir a la moda del acero de principios del s. XX en vez de recuperar su estructura original. Este puente que salva la hondura de la hoz del Huécar da acceso al convento de San Pablo, hoy convertido Parador Nacional, donde pasaron la primera noche de su luna de miel los Príncipes de Asturias. Pudimos entrar para verlo por dentro y tomar un café en la antigua capilla junto al gran claustro del mismo.


Cuenca es la provincia española que más museos tienen por habitante y su capital es una clara muestra de ello, como la “Fundación Antonio Pérez” con obras de Antonio Saura, Manolo Miralles, Carmen Calvo y de artistas internacionales como Warhol. Pero sobre todo el gran museo pictórico y escultórico de la ciudad es el “Museo de Arte Abstracto Español” con obras de Zóbel, Picasso, Tàpies o Chillida, el cual esta enclavada en el símbolo de la ciudad, las Casas Colgadas, un edificio del S. XIV que asoma al Huécar donde la arquitectura le roba el lugar al espacio. Un símbolo de la vinculación de esta ciudad con la modernidad, que si te gusta este tipo de arte no te defraudarán.

Por la noche, a una hora donde la gente prefería protegerse del tremendo frío castellano, contratamos durante unas dos horas un guía que nos enseñó los distintos barrios del casco viejo, las leyendas de la ciudad antigua y sus mejores rincones, como la solitaria y bellísima calle de San Julián, los particulares rascacielos de Cuenca, el barrio de San Miguel, donde hay una zona de pubs, algunos colgados como las famosas casas, la Torre de Mangana, en el antiguo barrio judío de la ciudad.

Calle de San Julián
Incluso entramos en lo que hoy es un hostal, “Posada de San José”, que fue en su día la casa del yerno y discípulo de Velázquez, Martínez del Mazo, que según cuenta en esta posada, el genial pintor sevillano se inspiró en una estancia de esta casa para ambientar su obra más famosa “Las meninas”.


Posada de San José y "Las meninas"

La visita guiada se alargó mucho más de lo esperado gracias al fervor y la pasión con que nuestro guía nos enseño los encantos de su ciudad. Luego descubrimos que éste era el autor de algunos libros del arte y la historia de Cuenca, entre ellos el que compramos “Breve historia ilustrada de Cuenca”.



En Cuenca hay muchos lugares donde se puede comer muy bien y donde probar los platos típicos de esta ciudad como el sabrosísimo zarajo y el morteruelo (a mí particularmente no me gustó), así como un licor de café, el resolí, fuerte pero muy bueno y el alajú, una torta a base de almendras y miel no apta para mantener la línea.

Como en cualquier otra ciudad turística, se puede comer en lugares donde se aprovechan en demasía de los turistas y otros donde se puede comer relativamente bien y no muy caro. Yo, por supuesto, recomendaré algunos de estos últimos como “San Juan Plaza Mayor” un restaurante ubicado en la misma plaza mayor ideal para la tapa del mediodía y la cena en su comedor por la noche con un ambiente joven. Otro lugar donde es ideal tapear es “La bodeguilla de Basilio” decorado tradicionalmente donde en la barra por algo más de 6 euros nos pusieron 2 bebidas, un caldo bien caliente para dos y una considerable ración con huevos fritos, jamón y berenjenas rebozadas en la primera ronda y con calamares y chipirones en la segunda.

Tapas en "Bodeguilla de Basilio" 
Otra zona para tapear, en la zona nueva de la ciudad es en la calle San Francisco y para las últimas copas de la noche en el barrio de San Miguel, anexo a la Plaza Mayor.




Quedándonos todavía pendiente algunos rincones de su provincia, constatamos que Cuenca es una ciudad digna de visitar, al igual que otras ciudades españolas del centro, ya que se asemeja mucho a Cáceres o a Toledo, quizás para mí se me asemeje más a la ciudad extremeña que a su vecina manchega, ya que es una ciudad que une lo mejor de muchas: serrana, castellana y manchega.
En definitiva, una ciudad para visitar obligatoriamente, vivir en ella varios días para empaparte de ella, recorrerla pausadamente, disfrutarla poco a poco ya que “caminando Cuenca al viajero le brotan de súbito alas en el alma, desconocidos mundos en el mirar”.

PD.- Ésta última frase no es mía, es del Nóbel Camilo José Cela.

domingo, 12 de febrero de 2012

ESCOCIA día 11 (y último) - sábado: AIRTH - EDIMBURGO

Este sábado, y último día en Escocia, supongo que amaneció nublado, pero no lluvioso, ya que hoy era el día en que menos madrugamos, cuando nos levantamos hacía un buen rato que la luz inundaba completamente la habitación.
El desayuno del “Airth Castle Hotel” era como un gran restaurante con todo tipo de comida, y no sólo para desayunar. Desde los típicos platos para la mañana, sándwichs, tostadas y revueltos hasta comida para almorzar como huggies, black pudding, sopas, pollo, cordero, asados, verduras, etc, … con todo tipo de bebidas y postres.

Abandonamos el hotel para dirigirnos de vuelta a nuestro punto de partida, Edimburgo, que estaba a unos 40 kilómetros pero que nosotros hicimos un total de 60. Quiero pensar que es debido a la mala señalización para encontrar la carretera que nos llevaba a la capital y no a mis dotes para orientarme por las carreteras escocesas.


Así que varios días después volvíamos a la capital para despedirnos de la ciudad de los infinitos adjetivos,… y todos buenos. Aquí me quité la espina del primer día con el coche, ya que me crucé toda la ciudad conduciendo con cierto nivel de destreza estacionando justo al lado del castillo, en el mismo centro histórico de la ciudad.
La despedida con la ciudad fue corta, apenas 3 horas para reencontrarnos con la Royal Mile, ya que esta mítica vía te atrae aunque siempre sea la misma, se reinventa y cambia en cada instante, que aunque el telón de fondo sean siempre los mismos bellísimos edificios inertes centenarios de la urbe, los protagonistas principales son la gente y los artistas que cada día la abarrotan, la viven y la hacen diferente.

A mediodía dejamos el coche en la misma terminal del aeropuerto para volver a media tarde a España dejando atrás un país que nos ha cautivado por todos y cada uno de sus innegables atractivos. 2300 kilómetros mirando a través de la ventanilla del coche, con los ojos y el corazón, paisajes que solo inspiran cosas en el interior de uno mismo.


Escocia es un pequeño lugar en el mundo donde la naturaleza muestra su belleza más salvaje dibujando postales de ensueño protagonizadas por lagos y arroyos de aguas cristalinas, montañas ocultas entre la niebla, llanos y bosques cabalgados por guerreros de leyenda. Una tierra de héroes legendarios, de música que evoca al viento a través de sus gaitas, misterios y leyendas que se perpetúan en el tiempo, un pasado cruento formado a base de batallas, sangre y coraje con un futuro incierto todavía por escribir.


Ahora, algún tiempo después, la saludo desde este blog recordando los inolvidables momentos vividos que seguro perdurarán durante mucho tiempo en mi memoria… al igual que las palabras de Julio Verne al visitar Escocia: “Jamás ojos tan atónitos vieron paisaje tan espléndido”.

martes, 7 de febrero de 2012

ESCOCIA día 10 - viernes: OBAN - BALQUIDDER - STIRLING - AIRTH

Las quietas aguas de la bahía se reflejan en la mañana clara y soleada a través del cristal del comedor de “Alltavona Guest House” (www.alltavona.co.uk). Una casa típica escocesa con arquitectura y decoración señorial que las cuatro estrellas otorgadas no se quedan cortas. Nuestra habitación contaba con una grandísima cama de estilo antiguo con un mobiliario clásico, suelo enmoquetado de tartán (típico tejido escocés formando cuadros de distintos colores), grandes alfombras y pequeños y grandes detalles como si fuese la casa de un auténtico lord inglés.

Comedor de Alltavona Guest House
Antes de continuar nuestra ruta, queríamos conocer un poco más Oban, ya que hasta ahora sólo habíamos visto la zona del puerto con vistas a la bahía. El recorrido no nos defraudó en absoluto, por el centro de la ciudad discurre un riachuelo que atraviesa las calles y jardines recordando una vez más los escenarios de cuento con sus casas de ventanas blancas y sus macetas coloridas cargadas de flores (¿cómo lo conseguirán? ¡Ya quisiera que las flores de mi terraza se mantuvieran igual!). En lo alto del pueblo sobresale entre las demás construcciones una edificación, de dudoso gusto, que intenta reproducir el Coliseo romano, la McCaig’s Tower. Surgió de la idea de un antiguo magnate que mandó construirlo para dar trabajo a los habitantes de la zona e incrementar el turismo local pero que debido a la crisis que lo azotó hace casi 100 años nunca pudo ver acabado su sueño.

Oban
Paseando por George Street pudimos ver algunos invitados de una boda donde las señoras iban con sus largos vestidos y vistosos tocados y los caballeros con sus trajes de ceremonia, que como no podía ser de otra forma, iban ataviados con sus kilts, sus calcetines largos y sus chaquetas elegantísimas. Oban es una ciudad muy turística que se puede constatar por las calles más céntricas ya que éstas están repletas de innumerables comercios, pubs y restaurantes. Nosotros aprovechamos para hacer algunas compras como una manta de lana de tartán que durante los días de frío no nos ha venido nada mal. Un pueblo precioso que no difiere en casi nada en belleza a todos lo que hemos recorrido durante estos últimos 10 días, pero es que uno no llega a acostumbrarse a tanta hermosura.

Dejamos Oban para adentrarnos al interior de Escocia, buscando Stirling, y dejando también ya los típicos paisajes de las highlands, con sus grandes extensiones de prados, colinas redondeadas y picos escarpados salpicados de lagos grises y arroyos transparentes y sobre todo de las manadas de vacas y ovejas que emborronan agradablemente el verde de los campos.

Durante nuestro trayecto atravesamos el “Parque Nacional de Loch Lomond y The Trossachs”, uno de los dos parque nacionales existentes en Escocia, siendo el otro el de Cairgorms, que también lo recorrimos de sur a norte en nuestro cuarto día.
En nuestra ruta no pasamos por el que es el lago de agua dulce más grande de Gran Bretaña, el Loch Lomond, pero si cruzamos los Trossachs, tierras montañosas conocidas como románticas o encantadas y que es donde vivió y murió Rob Roy MacGregor, uno de los personajes más inolvidables y populares de las Tierras Altas. Un héroe mitad Robin Hood, mitad político y del que hay una brillante versión cinematográfica de su vida, interpretada por Liam Neeson.
Así, ya que pasábamos bien cerca decidimos pararnos en la que fue la aldea donde vivió y donde está enterrado este personaje tan singular. Un cementerio a la entrada del pueblo rodeado de sus familiares directos y de la iglesia parroquial de las aldeas cercanas es el lugar de descanso de tan conocido héroe.

Tumba de Rob Roy
Aquí, en Balquhidder, nos paramos a almorzar en una pequeña casita de madera azul al lado de un riachuelo que según ponía un cartel era un restaurante-biblioteca.

The Library Tea Room
“The Library Tea Room” o “La sala de té de la biblioteca”, es un pequeño y coqueto restaurante donde el espacio que dejan los muebles llenos de libros y juegos de té clásicos de porcelana, la cocina totalmente integrada en el salón y el mostrador atestado de postres y dulces caseros sólo dejan sitio para 4 mesas.

Amueblada con sillas, mesas y aparadores antiguos todo pintado de blanco al igual que las paredes con paneles de madera, también de color blanco. Una comida rápida pero muy elaborada y deliciosa donde destacaron los postres típicos escoceses: una un tarta de fresas llamada “Victoria sponge” y un “Flapjacks”, que es un bizcocho de miel y frutos secos.

La lluvia acompañándonos durante toda la tarde hacía que no nos olvidáramos de que estábamos en Escocia, demasiado bien se había portado hasta ahora Zeus, el díos de la lluvia, para apenas acordarse de nosotros durante los últimos días. Por las carreteras empapadas, pero en mucho mejor estado que en el norte del país, llegamos a Stirling, donde sólo íbamos a estar esa tarde, así que tuvimos que elegir entre visitar su castillo, uno de los más famosos de Escocia o el Monumento a William Wallace, ambos coronando la ciudad cada uno en su cima. Como el Castillo de Stirling es bastante similar al de Edimburgo pero más pequeño, decidimos por una aplastante mayoría de 2 a 0 pasar la tarde en la torre erigida en el monte Abbey Craig hace ya casi 150 años en honor a otro de los grandes hijos y héroes de Escocia, Mel Gibson… perdón quise decir William Wallace.

National Wallace Monument
El “National Wallace Monument” es una torre de 70 metros de altura donde se pueden encontrar objetos personales de Wallace y que desde lo alto, subiendo sus casi 250 escalones de la escalera de caracol, se puede apreciar una vista envidiable de la ciudad de Stirling, junto al valle del Río Forth, donde se forjó una de las batallas más cruentas, la del Puente de Stirling.
Stirling, desde el Monumento a Wallace


Todavía no era de noche cuando después de 220 km conduciendo llegamos a donde íbamos a pasar la última noche.


“Airth Castle” (www.airthcastlehotel.com) es el hotel que está enclavado en una grandísima extensión junto al pequeño pueblo del mismo nombre.

Castillo de Airth
Aunque el hotel se promociona por el lujoso castillo, la recepción, habitaciones y comedores del hotel están en un ala próxima al castillo, pero no en éste. Un hotel inmenso de cuatro estrellas con muy buen estilo y habitaciones tipo suites muy amplias. Aquí disfrutamos de una cena, que era la única que teníamos contratada gracias a una buena oferta de su página web, con las notas del piano como música de fondo amortiguada con el repiqueo constante de la lluvia sobre la cubierta de cristal del salón restaurante.

Comedor de Airth Castle Hotel
Es muy sugestivo quedarse dormido oyendo como llueve y echar a volar la imaginación y recordando lo vivido en estos últimos días, con la ilusión de despertarse un nuevo día en una tierra tan maravillosa y encantadora como Escocia, aunque éste fuese el último.