jueves, 7 de junio de 2012

EL DÍOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido", esta frase de “El Club de los Poetas Muertos” de Nancy H. Kleinbaum es la que me viene a la memoria al recordar el encuentro 24 años después de los protagonistas de la novela de “El Díos de las Pequeñas Cosas” de la escritora india Arundhati Roy.


Arundhati Roy es una escritora india, nacida en 1961, que alcanzó el éxito mundial con ésta, su primera novela, que es semiautobiográfica y que fue ganadora del premio Booker en 1997. Es una mujer comprometida con las desigualdades y las grandes injusticias, por lo que es conocida además de su faceta literaria por sus ideales pacifistas, ecologistas y feministas.
Arundhaty Roy


En “El díos de las pequeñas cosas” la escritora utiliza a tres generaciones de una misma familia, los dos hermanos gemelos, Estha y Rahel, su abuela maltratada por su abuelo; su madre, divorciada y enamorada de un indio de diferente casta (algo impuro para una católica sirio-ortodoxa); una tía-abuela soltera envidiosa y supeditada a las costumbres locales; su tío, divorciado de una inglesa teniendo una hija en común...
La novela da saltos en el tiempo, ya que está ambientada en dos épocas distintas: en un principio, en la India de finales de la década de los 60. Un país convulso donde la sociedad de aquella época estaba subordinada a la cultura de las castas, al marxismo, a los tabúes, a las tradiciones represoras, a la religión, al machismo, a la distinción de clases... y en un segundo lugar en el tiempo, en el año 1993, donde los personajes se reúnen sin mirar atrás y sin poder olvidar lo que la vida les ha deparado.

Es un libro que aunque esté ambientado en el estado indio de Kerala y centrado en su exótica cultura y en sus costumbres en un determinado período, queda patente que habla de una historia universal y atemporal, ya que describe a la humanidad en general con sus innegables defectos y virtudes. En ella se mezcla el amor, las pasiones llevadas al límite, los anhelos inalcanzables, la pérdida de la inocencia y el dolor que viene camuflado de muchas formas distintas, donde a veces la muerte es una puerta de salida mas fácil que la humillación o la vergüenza.

Kerala, India


Nos narra el reencuentro de dos hermanos después de haber vivido una infancia dolorosa debido a un desafortunado accidente que marcará para siempre la vida no sólo de ellos dos, sino de todos los personajes involucrados en este hecho. Es por lo que en su unión años después buscarán desesperadamente la redención y el perdón que durante toda su vida han buscado infructuosamente.
Una novela conmovedora, llena de ternura y sensibilidad, pero no muy fácil de leer, con una realidad tan cruda que la autora ha tenido que poner como filtro de los hechos la mirada y el punto de vista de los dos niños pequeños, amortiguando así un poco la dureza de los hechos. Una historia muy humana escrita con las lágrimas de los recuerdos y de la injusticia.

Al principio puede costar un poco entrar en la novela ya que los nombres orientales y el desorden cronológico de los capítulos no ayudan especialmente a integrarte en la historia, pero eso no evita, una vez pasado este punto, que te atrape para no poder, ni querer, soltarte hasta las últimas frases del libro, donde en las cuales la dureza desgarradora del texto se mitiga en parte con un bellísimo encuentro amoroso, dejándote así atrás el sabor amargo del texto.
Un sabor amargo muy parecido al que me causó la primera vez que vi la película de Clint Eastwood “Mistic River”, pero que también al final se nutre de una filosofía muy similar a la de películas tan entrañables como “El club de los poetas muertos” o “Amelie”, y es que una frase, quizás la mejor del libro, dice así:

“Las Grandes Cosas siempre se quedaban dentro. No tenían adónde ir. No tenían nada, ningún futuro. Así que se aferraron a las Pequeñas Cosas.”

miércoles, 23 de mayo de 2012

PROVINCIA DE CUENCA

Continuando con mis días en la provincia conquense dedicamos un día a pasarlo fuera de la ciudad para conocer otros lugares interesantes cercanos a la capital.

Quizás el lugar de la provincia más conocido y visitado es “La ciudad encantada” así que no desaprovechamos la oportunidad de ver aquella maravilla natural. En el camino y después de seguir la interminable hilera de chopos que bordean la ribera del Júcar nos detuvimos en lo que es una parada casi obligada, el denominado “Ventano del Diablo”, una perforación en la roca con forma abovedada y una vista impresionante, por medio de dos grandes ventanales naturales, a una garganta formada por el río Júcar, a más de 200 m de altura, donde se puede apreciar en el fondo la corriente de agua color azul turquesa del río.
 
Ventano del Diablo
“La Ciudad Encantada”, a unos 30 km de la capital, es un paraje natural formado por grandes moles de rocas calizas que con el paso de los millones de años y junto al viento, agua e hielo han dado lugar a unas formaciones cársticas de tal singularidad y belleza, conocido internacionalmente.
El itinerario señalizado, de unos 3 kilómetros aproximadamente, se recorre fácilmente en unas dos horas con un nivel apto para todos los públicos, pero especialmente recomendable para los niños que seguro disfrutarán de las caprichosas formas que la naturaleza ha esculpido creando lo que su propio nombre indica, una ciudad encantada.
La distinta composición de las rocas hace que la erosión sobre las mismas haya sido diferente modelando figuras muy reconocibles como pueden ser figuras humas, animales u objetos que a veces resulta casi imposible imaginar como pueden mantenerse en pie durante tantos miles de años, un ejemplo claro es el que puede ser el símbolo de la ciudad, el “Tormo Alto”.

Tormo Alto
Entre todo este milagro de la naturaleza se encuentra las formaciones con forma de barcos gigantes varados en la tierra, “El perro”, “La tortuga”, “El mar de piedra”, el elefante junto al cocodrilo, “El tobogán”, etc. Un paseo entre piedras prehistóricas, acompañado de los pinos, quejigos, matorrales y demás flora autóctona que harán una visita inolvidable en el tiempo.

"La foca" en La Ciudad Encantada
En nuestro camino hacia otro monumento natural de la provincia, el Nacimiento del Río Cuervo, nos depararía varias gratas sorpresas que casi te obligan a hacer paradas aunque éstas sean de corta duración, tal es el caso de la laguna cercana al pueblo de Uña.
La Laguna de Uña, formada por el dique de un afluente del Júcar, se encuentra en la base de unos imponentes cortados calizos que contrasta el color ocre de las piedras con el casi inexplicable color verde aguamarina tan habitual en estos parajes.

Laguna de Uña

El curso del Júcar nos guiaba río arriba, hacia el Nacimiento del Río Cuervo, pero cruzando el pueblo de Tragacete vimos el cartel de información del nacimiento del Júcar, así que nos desviamos unos pocos kilómetros para ver el nacimiento de un río que desemboca en la ciudad valenciana de Cullera, casi 500 km más adelante.
Al final no llegamos hasta el mismo nacimiento pero sí hasta una zona recreativa llamada “La cascada del molino” que son unos pequeños rápidos de agua entre desniveles, árboles y piedras que queda un poco antes del nacimiento y que a estas alturas se encuentra a escasos 6 kilómetros de la provincia de Teruel, en Aragón.

"Cascada del Molino", cerca del nacimiento del río Júcar
No hace falta ser muy perspicaz para saber que el nacimiento del río Cuervo es uno de los grandes atractivos turísticos de Cuenca: sólo hace falta ver el espacio destinado para el aparcamiento de los coches, y es que este paraje está declarado como monumento natural.

Un pequeño sendero construido a base de tablones de madera te llevan directamente a las cascadas del río. Es una lástima que en un año tan seco como el presente apenas caigan varios hilos de agua, algunos congelados, desde lo alto de la peña. Tiene que ser un espectáculo de especial belleza poder ver las chorreras todas cargadas de agua deslizándose entre el musgo formando estalactitas cayendo a la poza inferior.

Nacimiento del río Cuervo
Se puede acceder a la parte superior de la cascada, donde aquí el agua se almacena en varios pequeños estanques naturales que quedan escondidos al verse envueltos por las montañas y los pinos ofreciéndonos uno de los rincones más bellos de la serranía de Cuenca.





Atravesando el “Parque Natural Sierra de Cuenca” ya de vuelta a la capital y con la visita inesperada pero atractiva de algunos ciervos en la carretera visitamos casi de pasada el pequeño pueblo de Las Majadas. Una villa donde todavía se puede respirar el encanto de la madera y las piedras en sus casas típicamente rurales y serranas, con sus corrales y sus huertos, donde parece que el tiempo se paró hace ya algunas décadas.

El último día, ya de vuelta hacia el hogar buscando el sur, los pequeños destellos brillantes, debido a la sal, de las carreteras de montaña se quedaron atrás para dar paso a las extensas llanuras interrumpidas solamente por los pequeños pueblos blancos y por las leves subidas y bajadas de los cerros.

Fue en la comarca limítrofe de las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca donde por último nos quisimos empapar de la cultura de la zona, y que mejor manera que visitando esas construcciones cilíndricas encaladas con capirote oscuro y aspas de madera que coronan desde las lomas algunos pueblos como El Toboso, Belmonte, Campo de Criptana o Mota del Cuervo y que resumen la típica estampa manchega, sus molinos de viento.

Molinos de viento en Mota del Cuervo
-“Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino”. -Esto lo que le dijo Sancho a su amo Don Quijote frente a unos molinos, que quizás y debido a su cercanía a El Toboso podrían ser los mismos molinos que nosotros vimos.
Aquí, en el denominado “Balcón de La Mancha” se puede divisar una gran extensión de terreno, con la localidad justo debajo y donde cada primer domingo de mes el molino llamado “El gigante” gira para hacer una pequeña demostración de molienda del grano, pudiendo acceder a su interior y subir hasta su parte más alta.


Uno de los 7 que quedan de los 23 que en su día existieron en Mota del Cuervo y que todavía, afortunadamente, resisten al paso de los siglos.

sábado, 28 de abril de 2012

CUENCA

Con el pasar del tiempo voy poco a poco visitando sitios soñados, rincones persistentes en la memoria y ciudades encantadoras, en definitiva lugares que llevaban ya bastantes años pendientes. En uno de los últimos puentes, contando con los pocos días que tenía disponibles y los múltiples atractivos, el destino estaba muy claro, la ciudad de Cuenca y su provincia.

Como casi todas las ciudades con historia se pueden dividir entre la parte nueva y la antigua, y ésta no podía ser de otra forma. Así que para acceder al casco viejo que está en la parte alta de la ciudad y que es uno de los cascos antiguos españoles declarados Patrimonio de la Humanidad, se alcanza casi obligatoriamente por la colorida calle Alfonso VIII, una cuesta arriba que es un gran mosaico de fachadas de alegres colores que te dan idea de la arquitectura y el carácter de los lugareños.

Calle Alfonso VIII
La calle acaba en los soportales del ayuntamiento que es el acceso principal de la Plaza Mayor, corazón neurálgico del casco viejo de la ciudad donde se puede acceder a la gran mayoría de las callejuelas.
Una plaza mayor, de forma trapezoidal, no muy grande donde se concentran algunos bares y restaurantes, las típicas tiendas de regalos, algún convento y la catedral.

Uno de las primeros lugares para hacerse una imagen general de la ciudad es ascender hasta el punto más alto de la ciudad, junto al castillo, como es conocido por los conquenses, aunque más bien se podría decir la muralla del castillo ya que es lo único que queda de la fortaleza medieval. Desde este punto se puede divisar todo el casco antiguo de la ciudad, la hoz del Huécar, el convento de San Pablo que actualmente acoge al Parador Nacional de Cuenca. Una de las mejores vistas de la ciudad.


Junto al castillo, en la Puerta del Trabuco, hay un mirador que se puede apreciar la hoz del Júcar, otra impresionante cuenca al igual que la del Huécar, constatando así que la ciudad está prendida entre los dos grandes valles de dos pequeños ríos formando una imagen única donde las casas se asoman al abismo sobre las alturas. Pocas veces arquitectura y naturaleza forman un equilibrio tan espectacular y perfecto.

El centro del casco antiguo y origen de las callejuelas de la ciudad es su Plaza Mayor donde se enclava el monumento más importante de toda la ciudad, la catedral. La primera catedral gótica de Castilla, que abarca en su arquitectura desde estilo al renacentista pasando por el barroco. Quizás lo que más sorprende son sus novedosas vidrieras de arte abstracto que conjuga genialmente con una edificación gótica, dando una luminosidad en el interior de la misma nunca vista por mí en edificios de esta naturaleza. Totalmente plausible la mezcla de estilos tan variados y tan lejanos en el tiempo en un único recinto.



Cuenca es una ciudad que te invita a pasearla, mirarla y enamorarte de ella. Muchos son los lugares donde disfrutarla. Muy cerca de la catedral, en el casco viejo todo queda cerca, está el puente de San Pablo, una estructura metálica creada por un discípulo de Eiffel muy criticada por el pueblo ya que tras derrumbe de una parte del antiguo puente de piedra se optó por sucumbir a la moda del acero de principios del s. XX en vez de recuperar su estructura original. Este puente que salva la hondura de la hoz del Huécar da acceso al convento de San Pablo, hoy convertido Parador Nacional, donde pasaron la primera noche de su luna de miel los Príncipes de Asturias. Pudimos entrar para verlo por dentro y tomar un café en la antigua capilla junto al gran claustro del mismo.


Cuenca es la provincia española que más museos tienen por habitante y su capital es una clara muestra de ello, como la “Fundación Antonio Pérez” con obras de Antonio Saura, Manolo Miralles, Carmen Calvo y de artistas internacionales como Warhol. Pero sobre todo el gran museo pictórico y escultórico de la ciudad es el “Museo de Arte Abstracto Español” con obras de Zóbel, Picasso, Tàpies o Chillida, el cual esta enclavada en el símbolo de la ciudad, las Casas Colgadas, un edificio del S. XIV que asoma al Huécar donde la arquitectura le roba el lugar al espacio. Un símbolo de la vinculación de esta ciudad con la modernidad, que si te gusta este tipo de arte no te defraudarán.

Por la noche, a una hora donde la gente prefería protegerse del tremendo frío castellano, contratamos durante unas dos horas un guía que nos enseñó los distintos barrios del casco viejo, las leyendas de la ciudad antigua y sus mejores rincones, como la solitaria y bellísima calle de San Julián, los particulares rascacielos de Cuenca, el barrio de San Miguel, donde hay una zona de pubs, algunos colgados como las famosas casas, la Torre de Mangana, en el antiguo barrio judío de la ciudad.

Calle de San Julián
Incluso entramos en lo que hoy es un hostal, “Posada de San José”, que fue en su día la casa del yerno y discípulo de Velázquez, Martínez del Mazo, que según cuenta en esta posada, el genial pintor sevillano se inspiró en una estancia de esta casa para ambientar su obra más famosa “Las meninas”.


Posada de San José y "Las meninas"

La visita guiada se alargó mucho más de lo esperado gracias al fervor y la pasión con que nuestro guía nos enseño los encantos de su ciudad. Luego descubrimos que éste era el autor de algunos libros del arte y la historia de Cuenca, entre ellos el que compramos “Breve historia ilustrada de Cuenca”.



En Cuenca hay muchos lugares donde se puede comer muy bien y donde probar los platos típicos de esta ciudad como el sabrosísimo zarajo y el morteruelo (a mí particularmente no me gustó), así como un licor de café, el resolí, fuerte pero muy bueno y el alajú, una torta a base de almendras y miel no apta para mantener la línea.

Como en cualquier otra ciudad turística, se puede comer en lugares donde se aprovechan en demasía de los turistas y otros donde se puede comer relativamente bien y no muy caro. Yo, por supuesto, recomendaré algunos de estos últimos como “San Juan Plaza Mayor” un restaurante ubicado en la misma plaza mayor ideal para la tapa del mediodía y la cena en su comedor por la noche con un ambiente joven. Otro lugar donde es ideal tapear es “La bodeguilla de Basilio” decorado tradicionalmente donde en la barra por algo más de 6 euros nos pusieron 2 bebidas, un caldo bien caliente para dos y una considerable ración con huevos fritos, jamón y berenjenas rebozadas en la primera ronda y con calamares y chipirones en la segunda.

Tapas en "Bodeguilla de Basilio" 
Otra zona para tapear, en la zona nueva de la ciudad es en la calle San Francisco y para las últimas copas de la noche en el barrio de San Miguel, anexo a la Plaza Mayor.




Quedándonos todavía pendiente algunos rincones de su provincia, constatamos que Cuenca es una ciudad digna de visitar, al igual que otras ciudades españolas del centro, ya que se asemeja mucho a Cáceres o a Toledo, quizás para mí se me asemeje más a la ciudad extremeña que a su vecina manchega, ya que es una ciudad que une lo mejor de muchas: serrana, castellana y manchega.
En definitiva, una ciudad para visitar obligatoriamente, vivir en ella varios días para empaparte de ella, recorrerla pausadamente, disfrutarla poco a poco ya que “caminando Cuenca al viajero le brotan de súbito alas en el alma, desconocidos mundos en el mirar”.

PD.- Ésta última frase no es mía, es del Nóbel Camilo José Cela.

lunes, 23 de abril de 2012

Libro antiguo, "EL QUIJOTE"

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”

Esta es, como casi todo el mundo sabe, la primera frase de El Quijote (¿pero sabemos cual es la última?)... y es que hoy es el Día del Libro, ya que cada 23 de abril se conmemora la muerte de dos de los más grandes escritores de la literatura universal, el inglés William Shakespeare y el español Miguel de Cervantes, aunque este último murió el 22 de abril, siendo enterrado el 23, ambos en el 1616.

Así que para rememorar esta fecha dedico esta entrada a nuestro escritor más universal con un libro que me compré hace ahora casi dos años en una librería de libros antiguos de Cáceres, “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”.
El libro, de 892 páginas, fue publicado un año antes del tercer centenario, ya que está fechado de forma manuscrita por una antigua propietaria, que supongo sería la primera, ”RAMONA ALABART” con fecha de firma, “1915” y su lugar de residencia, “BARNA”. En realidad este libro es un poco especial, ya que adquirí la edición especial de 100.000 ejemplares para celebrar el tercer centenario de la muerte de su autor.
 
El libro, mi libro, es una edición ilustrada en cartoné de la prestigiosa Editorial Sopena. Esta editorial fue fundada por Ramón Sopena, cuyos primeros libros fueron publicados en 1875, cuando empezó el boom de las editoriales catalanas al despegar en el último cuarto del S. XIX, junto a Espasa, Montaner y Simón, Juan Gili o Salvat. Sopena fue abriendo mercado en Europa trayendo para España en exclusiva numerosas colecciones de tipo histórico. En los años 30, como hacían los grandes editores catalanes, diversificó su mercado hacia los países latinoamericanos, siendo junto a Espasa-Calpe los dos grandes exportadores nacionales.

En 1904 empezó a publicar las primeras ediciones de “El Quijote” y a partir de 1925 acercó el gran clásico a los más pequeños con ediciones adaptadas para los colegios, pero no muy fieles al texto original.


Las numerosas ilustraciones que vienen en blanco y negro vienen firmadas, pero en el mismo no viene el nombre del ilustrador, pero según he podido leer en alguna web, podrían ser de Luís Palao, que trabajó para varios libros de esta editorial y las iniciales de los grabados “L.P.” coinciden plenamente.

Así que os podéis imaginar el gran orgullo de tener entre todos mis libros uno que puede que sea el más especial, el más antiguo, el mejor… El Quijote.

“Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando y han de caer del todo sin duda alguna.- Vale."

lunes, 2 de abril de 2012

CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Que uno no es crítico literario salta a la vista leyendo mis anteriores entradas, ya que el contenido y la forma de las mismas lo demuestran sobradamente en cada crítica de este blog. Todo esto lo he podido constatar, una vez más, al ponerme a leer uno de los libros más emblemáticos de la literatura en español, “Rayuela” de Julio Cortázar. Me iba costando bastante esfuerzo entrar en la historia del libro esperando que el pasar de las páginas me enamorara definitivamente de “La Maga” y sus historias, pero cada vez que me disponía a seguir leyendo se convertía en casi una obligación. Pasando las páginas iba esperando ese momento, esa microhistoria que me hiciera no abandonar el libro. Ese instante no llegó, así que con una gran desilusión desistí el seguir leyendo posponiendo este libro quizás a algún tiempo no muy lejano. Pocas cosas hay que me de más rabia que dejar un libro a medias. De lo que estoy seguro es que algún día volveré a intentarlo… y por supuesto lo contaré por aquí. 

Así que os podéis imaginar las ganas que tenía de leerme otro gran clásico, para resarcirme del anterior, por lo que empecé a leer el segundo más importante en literatura en castellano después de “El Quijote”, “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” de Gabriel García Márquez. Un libro que llevaba ya bastantes años en mi estantería esperando a ser leído.
Recomendaría la edición de la editorial “Cátedra”, cuya edición es de Jacques Joset, ya que se agradece mucho las ochenta páginas de introducción y prólogo que te ayuda a comprender mejor la magia de su prosa y la complejidad que este libro guarda en un texto aparentemente sencillo.


“Cien años de soledad” nos cuenta la historia de una familia, los Buendía, en un pueblo, Macondo, quizás el pueblo literario más universal, fundado por su patriarca José Arcadio Buendía. Una estirpe formada por las sucesivas generaciones y los numerosos descendientes Aurelianos y José Arcadio, que hace que tengas que hacer un esfuerzo extra para no perderte en la trama con los distintos personajes, por lo que se agradece mucho al final cuando consigues distinguir a unos de otros, por sus actos y personalidades. Muy recomendable un árbol genealógico de la familia y no apto para los lectores que les gusta que se lo den todo hecho.
Según palabras del propio autor, él quería “escribir una novela en la que la cual sucediera todo”, fantasías, supersticiones, angustias, amor, pasión, política... y de hecho lo consigue. No hay nada que podamos recordar que de una manera u otra no esté reflejado en las algo más de 450 páginas que tiene el libro. Otra meta que se puso el escritor fue contar toda la historia desde el interior de la casa familiar, reto que le resultó imposible llevar a cabo pero no la de que sucediera todo en el interior de Macondo, como así ocurre.
Gabriel García Márquez
Este libro es un claro ejemplo del realismo mágico ya que en él nos cuenta las situaciones más absurdas en un entorno sencillo donde a veces se abraza lo cotidiano y lo imposible para narrarnos historias sorprendentes, tiernas, esperpénticas o cómicas... que son las que al escritor le contaba su abuelo cuando era pequeño.

Todo el relato es una gran metáfora de la historia de la humanidad donde Macondo es el espejo de un mundo y la estirpe Buendía el reflejo de la humanidad, una fábula de una humanidad compleja con todos los problemas de una civilización a lo largo de la historia que va cometiendo las mismas experiencias y errores de manera cíclica. Es un círculo, en el que se repite todo... todo vuelve, que aunque parezca una línea argumental, al final volvemos a leer la misma historia que se repite, casi siempre igual, pero nunca la misma.
Todos los personajes están predestinados a convivir con una soledad desgarradora, esperando el transcurrir de sus vidas rutinarias en la gran mayoría de los personajes y excitantes en algunos otros. Una soledad distinta en cada uno de los descendientes de José Arcadio Buendía.
Aureliano Buendía, por Fernando Botero
Leer “Cien años de soledad” requiere de cierta madurez literaria por parte del lector para poder apreciar y comprender todo lo que su autor quiso contar en toda su profundidad, aunque siempre te puedes quedar con la historia superficial que nos relata, que no deja de ser muy interesante, pero que por suerte yo lo he hecho con los comentarios de los otros componentes del Club de Lectura que mutuamente nos ayudamos a analizar, comprender y valorar mejor el libro.

Una obra para releer, ya que es un gran clásico, casi desde el mismo momento en que se publicó en 1967, para adentrarse en el maravilloso, fantástico y singular mundo de los Buendía, aprendiendo, entendiendo y sobre todo disfrutando de una historia contada magistralmente ya que el contenido y la forma lo demuestran sobradamente en cada frase de este libro.

martes, 28 de febrero de 2012

SHE & NOTTING HILL

Pasados ya unos días del día de San Valentín, el de los enamorados, dedicaré esta entrada principalmente al amor,…a las canciones de amor. Y es que éstas, junto al cine en particular y a todos los ámbitos de la cultura en general, son las que me acercan a esos sentimientos tan íntimos y profundos que a veces están dormidos y que de vez en cuando me descubren sensaciones y emociones tal vez nunca vividas.

Hay canciones, películas o lugares que sin saber por qué te emocionan desde el primer momento en que uno lo disfruta. Esto me ocurrió con la banda sonora de “Notting Hill”, que aunque la película en su conjunto no sea una de mis preferidas, sí es una estupenda comedia romántica, deliciosa sin llegar a ser empalagosa y que te deja un buen sabor de boca cada que la vuelves a ver. Sin aportar nada nuevo al género posiblemente esté por encima de la mayoría de películas actuales de este tipo de cine, que es además donde más bodrios se pueden llegar a realizar aprovechando la sensibilidad de los espectadores.


Cinematográficamente hablando, destacar, aparte de la presencia de la guapísima y siempre efectiva Julia Roberts, los exteriores donde está rodada la película y que le da nombre a la película. Notting Hill, es un barrio al norte de Londres con una arquitectura a base de casas adosadas de pocas plantas donde es un placer poder pasear un sábado por su calle principal, Portobello Road, ya que aquí se celebra su famoso mercadillo con puestos de flores, comida, antigüedades, y todo tipo de objetos y ropa de estilo retro y vintage. Un ambiente formado por vendedores, artistas callejeros y turistas, sobre todo muchos turistas que abarrotan cada fin de semana toda la calle desde la estación de metro Notting Hill Gate hasta algo más de un kilómetro que es la longitud de la calle.

Notting Hill, en agosto de 2009


Pero como he comentado anteriormente lo mejor de la película es su banda sonora que es buenísima, cuyas románticas canciones enlazan muy bien con las distintas situaciones de la trama. Son varios los temas a destacar como "When you say nothing at all" ("Cuando no dices nada en absoluto"), de Ronan Keating, música de fondo en la escena en que la pareja protagonista se cuela en un jardín privado y leen en un banco grabado una de las frases más sencillas y bonitas de la película:

"Para June, que amaba este jardín... de Joseph, que siempre se sentó a su lado"

una tradición típicamente anglosajona la de tallar los bancos de madera con inscripciones de fechas y nombres de parejas.




Muy notable y visualmente muy atractiva la escena del protagonista paseando por Portobello Rd. durante en las distintas estaciones del año mientras suena la magnífica "Ain't no sunshine" ("no brilla el sol"), de 1971, soul en estado puro compuesta e interpretada por Bill Withers.



Pero sin lugar a dudas la mejor canción de toda la película y razón principal de esta entrada es el tema central, “She”. Original del mítico cantante francés Charles Aznavour y versionada para la película por el no menos legendario Elvis Costello.

“ella puede ser la razón por la que sobrevivo, el porqué de que yo esté vivo ...
a la que cuidaré durante los muchos y ásperos años...
yo, tomaré sus risas y sus lágrimas y con ellas haré todos mis recuerdos ...
por donde ella va, yo tengo que estar, ...
el significado de mi vida es ella... ella”.

Una de las canciones más bellas que se pueden oír y de las que poco más se puede decir, solamente escucharla y sentirla.



Para todos los enamorados, para todas las mujeres,... para ella.

domingo, 12 de febrero de 2012

ESCOCIA día 11 (y último) - sábado: AIRTH - EDIMBURGO

Este sábado, y último día en Escocia, supongo que amaneció nublado, pero no lluvioso, ya que hoy era el día en que menos madrugamos, cuando nos levantamos hacía un buen rato que la luz inundaba completamente la habitación.
El desayuno del “Airth Castle Hotel” era como un gran restaurante con todo tipo de comida, y no sólo para desayunar. Desde los típicos platos para la mañana, sándwichs, tostadas y revueltos hasta comida para almorzar como huggies, black pudding, sopas, pollo, cordero, asados, verduras, etc, … con todo tipo de bebidas y postres.

Abandonamos el hotel para dirigirnos de vuelta a nuestro punto de partida, Edimburgo, que estaba a unos 40 kilómetros pero que nosotros hicimos un total de 60. Quiero pensar que es debido a la mala señalización para encontrar la carretera que nos llevaba a la capital y no a mis dotes para orientarme por las carreteras escocesas.


Así que varios días después volvíamos a la capital para despedirnos de la ciudad de los infinitos adjetivos,… y todos buenos. Aquí me quité la espina del primer día con el coche, ya que me crucé toda la ciudad conduciendo con cierto nivel de destreza estacionando justo al lado del castillo, en el mismo centro histórico de la ciudad.
La despedida con la ciudad fue corta, apenas 3 horas para reencontrarnos con la Royal Mile, ya que esta mítica vía te atrae aunque siempre sea la misma, se reinventa y cambia en cada instante, que aunque el telón de fondo sean siempre los mismos bellísimos edificios inertes centenarios de la urbe, los protagonistas principales son la gente y los artistas que cada día la abarrotan, la viven y la hacen diferente.

A mediodía dejamos el coche en la misma terminal del aeropuerto para volver a media tarde a España dejando atrás un país que nos ha cautivado por todos y cada uno de sus innegables atractivos. 2300 kilómetros mirando a través de la ventanilla del coche, con los ojos y el corazón, paisajes que solo inspiran cosas en el interior de uno mismo.


Escocia es un pequeño lugar en el mundo donde la naturaleza muestra su belleza más salvaje dibujando postales de ensueño protagonizadas por lagos y arroyos de aguas cristalinas, montañas ocultas entre la niebla, llanos y bosques cabalgados por guerreros de leyenda. Una tierra de héroes legendarios, de música que evoca al viento a través de sus gaitas, misterios y leyendas que se perpetúan en el tiempo, un pasado cruento formado a base de batallas, sangre y coraje con un futuro incierto todavía por escribir.


Ahora, algún tiempo después, la saludo desde este blog recordando los inolvidables momentos vividos que seguro perdurarán durante mucho tiempo en mi memoria… al igual que las palabras de Julio Verne al visitar Escocia: “Jamás ojos tan atónitos vieron paisaje tan espléndido”.