lunes, 4 de febrero de 2013

LA CARRETERA

Cuando en un libro las palabras más leídas son frío, gris, oscuridad, nieve, miedo, ceniza, hambre, lluvia, silencio…está claro que este libro no le va a gustar a todo el mundo, no va a ser un libro fácil de leer, va a ser un libro duro.

“La carretera” es el título de este libro ganador del Premio Pulitzer del año 2007 escrito por el estadounidense Cormac McCarthy, también autor, entre otras, de “No es país para viejos”.

Cormac McCarthy
El libro nos cuenta la historia de una huída de un padre y un hijo en un mundo post-apocalíptico casi sin comida, donde quedan pocos humanos y los que quedan, intentan sobrevivir utilizando todo a su alcance sin importarles lo más mínimo las consecuencias.
Otro protagonista, además del padre y el hijo, es la carretera que van recorriendo junto con los paisajes que van dejando atrás, ya que parte de la esencia del libro es lo que rodea a los personajes y la actitud de éstos ante las circunstancias que les ha tocado vivir.
En su viaje hacia el sur, en busca de la costa, esperan encontrar allí un mundo mejor del que están dejando atrás. Atravesarán tierras devastadas, campos yermos con truenos amenazadores, incendios de bosques sin vida, espacios abiertos donde el sol está oculto por una incesante lluvia de ceniza y el extremo frío, harán casi insoportable la supervivencia.
El autor consigue que sintamos el sufrimiento de los dos protagonistas como propio, con una humanidad desvirtuada donde los hombres comen a hombres (recordad la frase de Plauto “el hombre es un lobo para el hombre”), donde la única razón para vivir es la propia supervivencia, el alcanzar llegar un poco más lejos, aprovechando la poca esperanza que ese mundo les está ofreciendo. Siguen el camino buscando el sur, sin ninguna explicación lógica, simplemente para tener un sitio a donde ir, tener un objetivo, para no rendirse.

El autor nos presenta un lenguaje que transmite mucho con muy pocas páginas (210 páginas). Unos diálogos parcos en palabras, casi telegráficos, con monosílabos, directos y secos. Poco tienen que decirse, llevan mucho años los dos viviendo solos, sintiendo lo mismo, compartiendo lo poco que les queda... en esas circunstancias sólo bastan las miradas y sólo les queda cuidarse mutuamente.
El contrapunto a esta situación tan extrema es la relación paterno filial donde por un lado el padre ejerce como tal intentando proteger por todos los medios posibles a su hijo y por otro el niño, que paradójicamente apenas ha vivido en el mundo que nosotros conocemos pero es él el que busca la fraternidad, gracias a su inocencia, entre los pocos humanos que quedan, con no poca moralidad y humanidad intentando por todos los medios llegar a ser feliz.
El gran acierto de esta novela de ciencia ficción, al contrario que la gran mayoría del género, es que la sentimos tan real y tan posiblemente cercana que nos agobia al pensar que esto pueda llegar a suceder. El instinto primario de supervivencia de los humanos brota en los momentos extremos y es cuando puede aparecer la maldad, el egoísmo y el sometimiento de los más débiles. Aunque por suerte para la sociedad no todos actúan igual. ¿Qué haríamos nosotros en circunstancias semejantes? Con estas premisas podemos encontrar otras grandes obras de la literatura como “La Peste” de Albert Camus o “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago.


Existe una versión cinematográfica de 2009 con Viggo Mortensen (irreprochable en sus últimos papeles) como el padre y el desconocido Kodi Smit-McPhee encarnando al hijo. También hay varias pequeñas actuaciones para Charlize Theron, Robert Duvall y Guy Pearce.

“La carretera” no es la típica película estadounidense apocalíptica comercial con grandes efectos especiales. La diferencian la sobriedad y la contención, aunque con algunas imágenes desgarradoras, que muestran el desolado mundo distópico que el autor pretende reflejar en el libro.
Lo mejor de la película, aparte de la interpretación de Viggo Mortensen, es la magnífica ambientación, gracias al director de fotografía español Javier Aguirresarobe que ha plasmado en la pantalla el mundo monocromático y frío que el autor transmite en la novela.



En definitiva, una buenísima adaptación de una inmensa novela corta que seguro no te dejará indiferente ya que se pasará de la angustia a la reflexión y quizás a un posible final de esperanza.

martes, 15 de enero de 2013

NAVIDAD EN CASTILLA Y LEÓN (y II): ÁVILA

¿Sabéis cual es la segunda capital de provincia más alta de España? Pues no sé, pero sí que la primera que se encuentra más alta con respecto al nivel del mar es Ávila, así que se podéis imaginar las temperaturas que puede haber en pleno mes de diciembre.

Ávila es conocida por su famosa muralla que envuelve completamente su casco viejo y que es el icono más representativo de la ciudad, y no es para menos ya que este elemento defensivo de finales del siglo XI es el único que está completo en todo su recorrido original, la muralla mejor conservada de Europa, la de mayor tamaño tras la Gran Muralla China con sus más de 2500 metros de longitud y el monumento más grande iluminado completamente. Las murallas separaban la civilización de lo salvaje, se abrían para acoger y proteger y se cerraban para los peligros y las enfermedades. Lo que antes la hacía inexpugnable para los invasores ahora es una invitación a los visitantes para adentrarse en ella y encontrar los tesoros ocultos que cobija. Sólo el poder admirarla desde dentro, desde fuera o desde encima de ella por el recorrido habilitado, junto a sus almenas, es suficiente para una visita a esta ciudad castellana.

Esta ciudad, por suerte, es mucho más que su afamada muralla. La mayoría de sus encantos se encuentran en el interior de la ciudad fortificada, pero en el exterior de la misma nos sorprenderemos gratamente con la Basílica de San Vicente, la más importante de las iglesias románicas de todas las de la ciudad y con los monasterios de Santa Ana, San José o de la Encarnación. Por la parte baja de la ciudad, en el oeste, la ciudad termina en el río Adaja junto a una de sus nueve puertas, la del Río. Muy cerca de este punto, se encuentra el antiguo humilladero de los Cuatro Postes que desde aquí podemos encontrar la mejor panorámica de la ciudad.
Los Cuatro Postes, con Ávila al fondo
Uno de los mejores recorridos extramuros es por el peatonal Paseo del Rastro, junto a la cara sur de la muralla, con vistas al majestuoso Valle del Amblés.
Paseo del Rastro
El punto de encuentro y centro neurálgico de la ciudad es la porticada Plaza de Santa Teresa o también llamada del Mercado Grande. Aquí se encuentra uno de los accesos principales al interior de la ciudad amurallada por la Puerta del Alcázar.
Puerta del Alcázar desde la Plaza de Santa Teresa, Diciembre de 2012

Puerta del Alcázar, 1954
En la ciudad intramuros la vida fluye lentamente, con el sonido insistente de las campanas de las iglesias románicas que abarrotan todo el casco antiguo. Un casco viejo con una estructura urbanística típica medieval con un trazado irregular de callejuelas, esquinas, recodos y plazas recoletas. En el punto más alto de este laberinto de casas señoriales, iglesias y conventos se encuentra la catedral. En contraste con la de Segovia que es la última de estilo gótico español, la Catedral de Ávila es el primer exponente de este estilo. La catedral, además de templo cristiano sirvió en la época de la Reconquista como fortaleza. De hecho su ábside forma parte de la muralla defensiva, compartiendo las mismas piedras. Espectacular el altar mayor del maestro Pedro Berruguete, así como el tesoro catedralicio que alberga en su interior.
Catedral de Ávila
Desde la catedral y continuando por la calle más populosa y comercial de la ciudad, la de los Reyes Católicos, se llega a la Plaza del Ayuntamiento, también denominada del Mercado Chico, ya que allí se celebra todos los viernes el mercado de frutas, verduras, hortalizas y demás productos de la provincia.
Ávila es una ciudad pequeña, sencilla, impregnada de un aire medieval y renacentista, que permanece inalterable al paso del tiempo, por lo que no es difícil imaginar que esta ciudad fuera ideal para el recogimiento de personas de alma pura y corazón noble como el místico San Juan de la Cruz, vicario en el Monasterio de la Encarnación y que elevó la poesía mística española a su cota más alta, y sobre todo por Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús.
Santa Teresa de Jesús
Y es que si Ávila es conocida, además de por sus murallas, es también por ser la ciudad donde nació Santa Teresa de Jesús, que llevó a cabo la reforma de los Carmelitas e innumerables fundaciones y que tuvo una interesantísima vida gracias a sus viajes por toda la España de la época. En la plaza de la Santa, que es distinta a la de Santa Teresa, está el convento de las carmelitas, el museo con manuscritos, efectos personales y reliquias de la Santa y la Iglesia de Santa Teresa, lugar donde se encuentra la habitación donde nació y que hoy en día es una pequeña capilla, siendo este lugar el más visitado de toda la ciudad. La historia pasada y viva de Ávila se identifica inevitablemente con la figura y obra de Santa Teresa de Jesús. Es ahora cuando comprendo uno de los dichos que definen a Ávila: “ciudad de cantos y de santos”.

Entre los numerosos edificios civiles y religiosos del casco antiguo, y principalmente entre la catedral y la Plaza del Mercado Chico se encuentran numerosos restaurantes que ofrecen viandas que a buen seguro debieron deleitar a los antiguos moradores de esta ciudad. Platos calóricos de una gran riqueza gastronómica para combatir las gélidas temperaturas de la gran meseta española. Son muy característicos encontrar en las mesas abulenses los platos de judías de El Barco (pueblo cercano a la capital), la crema de verduras de Santa Teresa, las patatas revolconas (que son patatas guisadas machacadas con torreznos) y por supuesto el famoso chuletón de Ávila, que se trata de una gran chuleta de ternera a la parrilla y poco hecha. Esta excelente carne es de la raza autóctona avileña, cuya fama trasciende las fronteras no solo de la provincia, sino del país. Con estas carnes y estos guisos castellanos no me extraña para nada no encontrar en todo el casco viejo ningún establecimiento de hamburguesas, kebabs o bocadillos. Por una vez la comida autóctona ha ganado la batalla a la foránea.
Comida típica abulense
De postre nada igual como las yemas de Santa Teresa o yemas de Ávila, que se elaboran con la yema del huevo y azúcar. Para degustar todos estos platos en un excelente menú se puede ir uno al restaurante “Tres siglos”, junto al mercado municipal. Tanto en éste como en casi todos los restaurantes de la zona hay varios precios para distintos tipos de menú que se ajustan al precio de cada comensal. Lo que no falta en ningún bar o restaurante de la ciudad es la tapa gratis con tu consumición como en “El buen yantar” o el de la vinoteca, con tapas más elaboradas, de “La bodeguita de San Segundo” en el lado exterior de la muralla.



Los abulenses tienen la suerte de ser los herederos no sólo de una ciudad hermosa, sino que además es austera, solitaria, nostálgica, silenciosa y auténtica, mucho más que sus vecinas Salamanca o Segovia. Por muchos lugares que el viajero visite después, nunca la olvidará. Todo esto gracias a las huellas que la historia ha ido forjando en los fríos cantos de piedra y en sus gentes de un carácter sencillo como la serena nobleza de sus santos.

sábado, 29 de diciembre de 2012

NAVIDAD EN CASTILLA Y LEÓN (I): SEGOVIA

En estas fechas es muy típico las comidas con compañeros, amigos y familia, también es muy frecuente en estos días dedicar algunas tardes para realizar compras y todo esto es posible porque disponemos de algo más de tiempo libre que en el resto del año, es lo por lo que se puede aprovechar para realizar algún viaje, ya sea en el Puente de la Inmaculada, en Navidad, Año Nuevo o Reyes.
Si eres de los que en estos días vas buscando los espectaculares alumbrados de Navidad en la principales avenidas de una gran ciudad o los mastodónticos centros comerciales con todos los escaparates iluminados y adornados convenciéndonos para entrar a comprar, quizás esta entrada de este blog no sea la más adecuada, pero si en cambio buscas alguna ciudad relativamente pequeña y algo más tranquila que las grandes urbes y que vive la Navidad de otra manera, Segovia podría ser un buen lugar para pasar algunos de estos días.


Segovia es una ciudad que se encuentra a las faldas de la Sierra de Guadarrama que sus 55000 habitantes hacen que la capital sea como un gran pueblo grande que se puede recorrer perfectamente a pie y ver en pocos días.
Lo más destacable de esta ciudad y cuyo emblema la hace internacionalmente conocida es su acueducto romano. La distribución de fuerzas de sus 166 arcos unidos por piedras de granito hacen que no necesiten ningún tipo de argamasa por lo que parece increíble que haya aguantado impasible en tan buen estado después de casi 2000 años. Una obra de ingeniería que no se cansa uno de ver desde cualquier punto de vista, ya sea desde abajo, arriba en las murallas o desde la lejanía, de noche o de día. Todo un símbolo de la arquitectura romana en España.

 
Acueducto de Segovia

Si otro monumento que también identifica a Segovia, es su alcázar, residencia oficial de los principales reyes castellanos, de los Reyes Católicos y de los reyes posteriores. Para llegar a este emblemático edificio, en el extremo oeste de la ciudad, se puede hacer por tres recorridos distintos.


El más concurrido y directo es partiendo desde la misma plaza Azoguejo, donde se encuentra el acueducto, por la calle Cervantes, pasando por la Casa de los Picos (donde se pueden ver exposiciones de arte) hasta llegar a la calle Juan Bravo que es la arteria más comercial y viva de la ciudad. Anexa a esta peatonal calle está la plaza de San Martín con la Iglesia románica del mismo nombre, junto al Torreón de Lozoya donde en estos días se puede contemplar una magnífica muestra de belenes con piezas del S. XIX. Desde Juan Bravo continuamos por la calle Isabel “La Católica” que confluye en la Plaza Mayor donde los soportales de la misma acogen el ayuntamiento de la ciudad, el Teatro Juan Bravo y la catedral.
La Catedral de Segovia es conocida como La Dama de las Catedrales por sus dimensiones, su elegancia y por su esbelta torre del campanario que se divisa a decenas de kilómetros. Debido a que su construcción se dilató durante más de 200 años, es de las últimas catedrales de estilo gótico, aunque ya contiene algunos rasgos renacentistas.

Catedral de Segovia, desde la Plaza Mayor
Desde la catedral hay un pequeño paseo hasta llegar al otro edificio emblemático de Segovia, el Alcázar. Este edificio de origen medieval cambió su fisionomía en las posteriores restauraciones llevadas principalmente por Felipe II, que, gracias a la grandeza de su imperio, fue el que le dio la actual forma de castillo centroeuropeo, tan poco utilizado en España, con sus cubiertas cónicas de pizarra negra sobre las torres. Desde este castillo salió Isabel “La Católica” para coronarse reina en la cercana Iglesia de San Miguel, en la Plaza Mayor de la ciudad. En su interior podemos apreciar su patio de armas, la Sala de los Reyes y las estancias privadas de todos los reyes que han morado en el castillo, principalmente el hermano de Isabel, Enrique IV, que era un completo enamorado de la ciudad. Si se dispone de una buena salud física es casi imprescindible la subida de los 152 escalones de la Torre de Juan II para ver una de las mejores vistas de la ciudad, de la meseta castellana y de las nevadas cumbres de Guadarrama.

Alcázar de Segovia
Otra de las rutas propuestas para andar desde el acueducto hasta el alcázar es por el Barrio de los Caballeros. Este es el barrio más al norte de la ciudad. Por sus calles podremos admirar y contemplar el pasado de más esplendor de la ciudad en la que las familias nobles y poderosas construían sus casas palaciegas a la sombra de la corte. Por estas callejuelas nos encontraremos con palacios góticos, renacentistas y barrocos, y fachadas con el típico esgrafiado segoviano en sus paredes. También saldrán a nuestro paso numerosos conventos e iglesias románicas donde destaca sobre todas las demás, la de San Esteban, con su fantástico atrio que cobija la portada de la iglesia, sus capiteles de las columnas pareadas y la torre de 53 metros de altura que es visible desde muchos puntos de la ciudad. Una iglesia de las más bellas del románico castellano, y más si la encuentras sin esperarla, de noche, a la luz tenue de las farolas y con las calles semidesiertas.

Iglesia de San Esteban
La otra zona, también para pasear entre el alcázar y el acueducto, es la de la judería, muy cercana al barrio de la catedral. Este arrabal se percibe más humilde, con casas de cal y entramados de madera. En él se encuentra la Sinagoga Mayor, que ahora no es visitable por estar en restauración. Está protegido por las murallas y sus siete puertas, donde pudimos acceder y subir por la de San Andrés, con vistas al cercano arroyo Clamores donde se encuentra el cementerio judío de la ciudad.
Puerta de San Andrés (2012)

Puerta de San Andrés (postal de 1920)

Segovia, una ciudad que asombra e impresiona desde su interior, desde dentro de sus murallas, pero también desde fuera, desde sus alrededores. Podemos bordearla por la orilla del arroyo Clamores con una panorámica desde abajo de la catedral y del Alcázar para continuar con la vega del otro río que abraza la ciudad, el Eresma, para completar la ciudad por sus dos flancos en los que está levantada. Por este lado y cerca del cruce con la carretera que nos lleva al vecino pueblo de Zamarramala, se encuentra en un privilegiado mirador de la ciudad, la pequeña y austera Iglesia de la Vera Cruz, de la Orden de Malta, con su planta circular y torre cuadrada. Una parada en las afueras para apreciar, con la tranquilidad y la belleza del lugar, Segovia. Una ciudad para pasear, para comer, para relajarte, para dejarse llevar con una contradicción ya que quizás uno de sus atractivos sea también uno de sus mayores inconvenientes, la gran cercanía a Madrid hacen que en estos días se llene de turistas, abarroten las calles, los comercios y los bares quitándole quizás ese punto de tranquilidad que esta ciudad necesite para apreciarla en todas sus vertientes.



De todos es conocido que el plato típico segoviano es el cochinillo al horno, pero no sólo de carne se alimenta el hombre, así que aquí también es muy conocida la Sopa Castellana (muy parecida a la sopa de ajo) y de postre el Ponche Segoviano, que es un postre a base de huevo, crema, mazapán y bizcocho todo cubierto de azúcar glas.

Sopa castellana, cochinillo asado y ponche segoviano
Todo muy bueno y muy recomendable pero que no degusté en la capital segoviana, sino que lo hice en una pequeña salida que hice a uno de los pueblos mas auténticos arquitectónicamente hablando y muy conocido últimamente por los rodajes que en él se hacen. El pueblo es Pedraza, a unos 40 km de la capital. La única entrada al pueblo es por un pequeño arco de piedra que una vez se cruza parece como si retrocedieras 500 años.
Plaza Mayor de Pedraza (Segovia)
Un pueblo amurallado, con castillo incluido que actualmente pertenece a la familia del pintor Ignacio Zuloaga, de piedra y madera donde apenas se puede ver algún elemento discordante, no sólo en el centro, sino en toda la villa. Es sorprendente pasear por cualquier calle de Pedraza, rodear una esquina y seguir encontrándote los letreros, las farolas, las casas,… típicamente medievales, como su Plaza Mayor porticada donde se encuentra la Iglesia de San Juan, el ayuntamiento y algunos restaurantes. En esta plaza se han rodado algunos anuncios publicitarios como el de “La Lechera”, series de TV como “Tierra de lobos”, “Toledo”, “Águila roja”, “Isabel” o películas como la última versión de “Blancanieves”. Un pueblo de cine donde el decorado son las piedras centenarias que lo forman.



miércoles, 5 de diciembre de 2012

CANCIONES CLÁSICAS DEL ROCK

Los que leéis este blog podéis haber comprobado cuales son mis hobbies, en que invierto el tiempo libre del que dispongo. Mirando las etiquetas podéis ver que leer, viajar y el cine son de los temas que más escribo. El cine y la literatura, quizás por ser más baratos y disponer cada día de tiempo para practicarlos son los que más espacio me ocupan. Viajar, que para mí es la mejor inversión personal que se puede hacer, no la llevo tanto a la práctica tanto como quisiera debido a que a veces se necesita no poco tiempo y sí mucho dinero.

Pero otra pasión que me acompaña siempre… todos los días, a veces casi sin darme cuenta, es la música. Al no requerir ningún tipo de esfuerzo está presente en nuestras vidas cuando estamos en la ducha, cuando conducimos, antes de dormir, …

Es cierto que en este blog le he dedicado muy pocas palabras y entradas a la música. Es por lo que esta entrada voy a mostrar algunas canciones que me han marcado, algunas hace ya más de 25 años que las estoy escuchando y otras que las he descubierto relativamente hace poco tiempo. Todas ellas pertenecen al género del rock que quizás puede que sea el que más me gusta y emociona. Y todas ellas con una particularidad que las hace especiales: con un comienzo suave, lento, a veces como una balada para continuar o terminar con un potente y soberbio final.

En mi época adolescente, hace ya más de veinte años, mis grandes bandas de referencia eran, y aún hoy lo siguen siendo, entre otras cuantas, son IRON MAIDEN y METALLICA. Estas legendarias bandas tienen muchas grandes canciones. Por la banda británica voy a destacar, un gran clásico: “Halloweed By The Name”.



La banda californiana METALLICA tiene quizás uno de las grandes canciones del rock, y de la música, “One”, basada en la película “Johnny cogió su fusil”. Nos narra la tragedia de un hombre mutilado en la guerra. Es curioso pensar que hace más de dos décadas era mi canción favorita sin saber ni lo que la letra decía. Años después y sabiendo ahora lo que nos cuenta, no puedo evitar que se me pongan los pelos de punta al escucharla, imposible escucharla sin mover la cabeza.



Continuando con bandas míticas, no podía dejar atrás QUEEN y su “Bohemian Rhapsody”, una canción fuera de lo común, que podréis encontrar más información en una entrada del bloguero Juanra:



Destacar que pocas veces existe una versión mejor que la original, a mí particularmente la versión de Bruce Dickinson (vocalista de Iron Maiden) y de Montserrat Caballé supera a la de Freddy Mercury. Cuestión de comparar.

Otro tema que traigo es de una de las bandas padres del rock, LED ZEPPELIN, “Stairway to heaven”, que curiosamente la descubrí relativamente hace poco. Un tema que empieza con unas notas suaves subiendo paulatinamente el ritmo para acabar, como dice el título, directamente subiendo por una escalera hacia al cielo.



La última del rock de la que voy a hablar, pero que podía ser la primera perfectamente, y aprovechando que todavía queda cerca noviembre, es lluvia de noviembre (“November rain”) de GUN`S AND ROSES. Un gran clásico moderno donde pocas veces un videoclip le ha hecho tanto mérito a una canción con sus más de 9 minutos que hacen engrandecer más todavía si cabe la canción formando uno de los mejores videos musicales que se recuerdan.



Para ir acabando estas recomendaciones, no podía dejar atrás otras canciones de otros géneros que también empiezan suaves para acabar en lo más alto, como puede ser “Creep” de RADIOHEAD o una pieza clásica conocida por todos como el “Bolero” de RAVEL, con unos riffs difícilmente olvidables y un final extraordinariamente apoteósico.

Así que disfrutad de esta entrada, y hacedle caso a Platón que decía que "la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo".

sábado, 27 de octubre de 2012

EL ANIMAL MORIBUNDO

Que el destino te golpee cuando tu vida va llegando al ocaso tiene que ser un momento duro, extraño, ya que de un momento a otro te cambia la forma de pensar, el prisma con el que ves tu realidad, tu mundo. Puede ser que en los últimos años de tu existencia descubras al hombre que hasta entonces nunca has sido o por lo menos nunca has reconocido. Una fuerza interior inesperada que deja atrás al hombre frío sin sentimientos que tú creías que eras.

Esto es lo que le ocurre a David Kepesh, el protagonista de “El animal moribundo”, una novela corta del escritor Philip Roth.
Philip Roth, nacido en Estados Unidos en 1933, es uno de los grandes escritores actuales, conocido por otros grandes libros como “La mancha humana”, “Pastoral americana” o “El pecho”. Es desde hace algunos años, aspirante al premio Nobel de Literatura y ganador entre otros muchos premios del Booker Internacional, del Pulitzer o del más reciente, el Príncipe de Asturias de las Letras 2012.


En este libro el autor nos cuenta en primera persona la vida del sexagenario Kepesh, afamado crítico literario y de televisión, profesor de literatura en la universidad, que aprovechando este estatus social se aprovecha de sus alumnas para mantener una relación sexual, que cada año la renueva por una joven distinta. Un año, se enamora de una de ellas, Consuelo, una veinteañera de origen cubano que de la pura relación sexual pasa al amor y de ahí a la obsesión, con todo lo que ello puede llegar a ocasionar.

“No importa cuanto sepas, no importa cuánto pienses, no importa cuánto maquines, finjas y planees, no estás por encima del sexo”


Lo que empieza con un argumento rápido se convierte en casi un monólogo sobre los recuerdos y pensamientos del protagonista. Una cómplice y eterna confesión al lector.
Una mirada al pasado desde los ojos de un hombre maduro que ha exprimido la vida al máximo, sin ningún tipo de ataduras (ni morales, ni sociales), sin conciencia, buscando el placer sexual a toda costa, aprovechándolo al máximo el tiempo, ya que sabe con certeza que ese tiempo se va agotando y quiere vivirlo como él quisiera, no como la sociedad le impone.
Es por lo que si de un elixir de la eterna juventud se tratara, el sexo con las chicas jóvenes le ayudara a aferrarse a la vida. No existe la moralidad sexual, y hace partícipe de ella al cómplice lector, ya que no hay reglas en el sexo consentido.

“Quién es libre puede estar loco, ser estúpido, repelente, sufrir precisamente porque es libre, pero no es ridículo. Tiene dimensión como ser”

Nos descubre su pasado, con sus salvajes instintos sexuales, la liberación sexual a partir de los años 60, cuando el protagonista era joven, donde él nunca se ha quedado atrás,…más bien siempre ha estado por delante de la sociedad.

"Purgad mi corazón; enfermo de deseo
y atado a un animal moribundo,
no recuerda ya ni quién es;
y encomendadme al artificio de la eternidad"

El trágico golpe del destino, del que he hablado al principio, le revelará observando un cuadro de Stanley Spencer, "Double Nude Portrait", que la sexualidad a veces no es tan importante. Los cuerpos son carne, carne cruda, como la de un pene flácido de un hombre triste o los senos caídos y la piel estriada de una mujer entrada en carnes ya resignada, al igual que una pierna de cordero. La decrepitud y decadencia de lo que inevitablemente llegaremos a ser.



La soledad y el desamor harán que descubra unos obsesivos sentimientos nuevos para él como los celos, la desesperanza o el miedo a la muerte. Todo esto le ayudará a evolucionar como padre, como amante… como hombre.




Tráiler de la película "Elegy" (2008), basada en la novela "El animal moribundo", dirigida por Isabel Coixet e interpretada por Ben Kingsley y Penélope Cruz

martes, 2 de octubre de 2012

RIGA

Son muchas las ciudades y países que algún día uno desea poder ver. Algunas ya las he visitado, muchas otras están pendientes y muchas más se quedarán sin visitar, pero a veces uno descubre una ciudad, un país, un lugar que en un principio no pensaba visitar en la vida. Este es el caso de Letonia y su capital Riga.

Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Junto a Lituania y Estonia forman las repúblicas bálticas. Letonia tiene una historia muy truculenta debido a las innumerables guerras que han asolado a la Europa del Este durante tantos años. Llegó a formar parte de Rusia a primeros del siglo XX, de nuevo independiente para posteriormente ser parte de la antigua Unión Soviética. Ocupada por la Alemania Nazi hasta que en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial fue anexionada a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hasta que una vez caída ésta se independizó y se exfederó hace tan solo 21 años, por lo que desde 1991 es totalmente independiente e integrante desde el 2004 a la Unión Europea.
Toda esta historia ha ido conformando una ciudad de contrastes, desde su casco antiguo medieval a las fachadas Art Nouveau de la Belle Époque o a los austeros bloques de viviendas de la época comunista, en los barrios periféricos de la ciudad.


El centro histórico de Riga destaca por una belleza exagerada con una variada arquitectura donde destacan las cubiertas de las torres verdes debido al óxido de cobre que las continuas lluvias han retocado su apariencia. Las intrincadas callejuelas serpentean entre las coquetas casas pintadas de colores, como las de la plaza Livu (Livu Laukums), centro neurálgico del casco viejo. En esta plaza se encuentra la curiosa Casa de los gatos que puede pasar desapercibida entre todos los demás edificios, todos ellos rodeados de los puestos ambulantes de colgantes y pulseras de ámbar, matriuskas, flores o cuadros pintados a mano que se encuentran junto a numerosas terrazas.
Livu Laukums
Otra gran plaza del centro es la Dome Laukums donde está la catedral luterana de Dome, que no tiene el ambiente de la anterior pero si una majestuosa arquitectura de las señoriales fachadas que la encierran.

Conforme vas andando por el casco viejo te vas dando cuenta de lo pequeño y desconcertado que es, tanto que es tan fácil perderse como volver a encontrarse. Mientras tanto, se van descubriendo otras joyas de la ciudad como los tres hermanos (tres fachadas contiguas, siendo una la más antigua de la ciudad), la Torre de la Pólvora, el Castillo de Riga (residencia oficial del Presidente letón) junto a la Catedral Católica de Santiago. La postal típica de la ciudad la encontramos en la plaza del ayuntamiento en la Casa de las Cabezas Negras, donde el dorado de sus elementos se refleja en los ladrillos rojizos de su fachada.
Casa de las Cabeza Negras e Iglesia de San Pedro,desde la plaza del ayuntamiento
La mejor vista de Riga a vista de pájaro, junto a la del “Skyline Bar” en la planta 27 del hotel Radisson Blu, es desde lo alto de la torre de la Iglesia de San Pedro. Desde aquí se puede divisar una magnífica panorámica de 360º de toda la ciudad: la imponente torre de telecomunicaciones con sus 368 m de altura (segunda más alta de Europa y doceava del mundo), el río Daugava, que parte en dos la ciudad, la antigua torre de la época comunista, hoy en día Casa de la Cultura, justo detrás de los cinco hangares, hoy mercado, donde se guardaban los zeppelines. A lo lejos, ya fuera del casco antiguo, detrás del Monumento a la Libertad, la Catedral Ortodoxa y justo debajo, a nuestros pies, todo el casco viejo. Unas vistas, unos recuerdos fijos e indelebles en la memoria.
Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Dejando atrás el casco viejo, pasando por el Parque Bastejkalns (atravesado por un precioso canal), siguiendo por la avenida Brivibas Iela (que durante la ocupación nazi se llegó a llamar Adolf Hitler) y pasando por el Monumento a la Libertad, (una gran columna con escultura de mujer en su cúspide que conmemora a los soldados caídos en la guerra de la independencia de Letonia) se llega a la que para mí es el monumento más bello de toda la ciudad, la Catedral Ortodoxa de Riga. Una construcción del último cuarto del siglo XIX con una arquitectura típica rusa con sus cúpulas oscuras con bordes y remates dorados soportados por decenas de pequeños arcos, sus muros bicolores de ladrillo visto que realzan mucho más su espectacularidad. La mejor estampa de la ciudad para adquirir una postal antigua, de 1904. Otro pequeño tesoro para mi colección.


Catedral Ortodoxa 2012, desde el hotel Radisson Blu
 
Catedral Ortodoxa, 1904

Paseando por la ciudad se da uno cuenta del pasado comunista del país, todavía perduran los viejos trolebuses de cable o tranvías sobre raíles, los carteles que en algunos lugares aún se puede leer los caracteres cirílicos, así como la cultura por lo público, ya que es sorprendente las grandes avenidas con casi todos los aparcamientos vacíos de vehículos ya que sus habitantes siguen utilizando el baratísimo transporte público. Otro asunto que no me dejó indiferente es la cultura por el deporte, es ardua tarea encontrar personas obesas ya que desde los colegios les inculcan una vida de salud y deporte. Un país que mira hacia delante cultural y lingüísticamente ya que la gran mayoría de sus habitantes jóvenes y de mediana edad hablan perfectamente el inglés. A veces resulta que nosotros no estamos tan adelantados como creemos.

Otro de los grandes atractivos y que sólo por éste es una escusa perfecta para una visita a Riga, es la arquitectura Art Nouveau que se puede apreciar en una gran parte de la ciudad. Y es que la capital europea de esta corriente artística no es ni París, ni Praga, ni Bruselas,… es Riga, ya que es la que tiene más edificios modernistas por metro cuadrado. Grandes fachadas con elementos curvos o entrelazados inspirados en la naturaleza, imágenes de féminas con expresiones realistas que enfatizan las decenas de edificios que bordean al casco viejo de Riga. Un paseo inolvidable no sólo para los amantes del arte, sino para cualquiera con un mínimo de sensibilidad y buen gusto.



La recomendación gastronómica de esta entrada se encuentra justo al lado la Torre de la Pólvora, “Taverna pie Sena Dzintara Cela”, típica taberna donde las camareras ataviadas con el traje típico letón nos dieron la bienvenida con el alegre canto de sus trovas tradicionales. Durante la cena, a la luz de las velas, se degusta los productos típicos de las cuatro provincias de Letonia, como sus quesos, panes, legumbres, su licor popular (bálsamo negro), cervezas, etc. Un buen lugar para brindar por todos los atractivos de Riga y Letonia.



Riga, la gran joya escondida del Báltico a la sombra de las más conocida Tallín, en Estonia (ambas ciudades Patrimonio de la Humanidad), pero que algunos turistas españoles que conversamos nos aseguraron que Riga es más desconocida pero encierra más belleza. Una ciudad que se puede ver en 2 o 3 días, y que con algunos días más también se puede visitar sus alrededores como Jurmala, Sigulda, el castillo de Turaida, la cueva de Gütmana, el río Gauja… que por supuesto también recomiendo.

sábado, 25 de agosto de 2012

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS & APOCALYPSE NOW

"El corazón de las tinieblas” es una novela corta del escritor polaco Joseph Conrad, la cual se puede resumir con unas palabras dichas por uno de sus personajes:
-“El horror, el horror”.
 
La novela nos cuenta el viaje a últimos del siglo XIX de un marinero, Marlow, en busca de aventura y dinero surcando el río Congo por los distintos campamentos europeos recolectores de marfil. Durante el trayecto irá descubriendo que río arriba vive Kurtz, un enigmático personaje en el que todos los indígenas sienten una devoción casi enfermiza por su personalidad.

La historia está basada en el auténtico viaje que el autor realizó unos años antes de escribirla, por lo que es un libro de viaje, una aventura a través de un río, pero no es solamente eso … es mucho más.
Durante la travesía por el río el autor denuncia la crueldad de la primacía en aquella época del hombre blanco sobre el hombre negro, la injusticia del colonialismo ante los terrenos conquistados, la vulnerabilidad de la naturaleza ante la avaricia del hombre por el dinero fácil. Nos relata la reacción de los hombres ante la vulnerabilidad ante situaciones límite, situaciones desconocidas donde a veces, la crueldad, la injusticia y el miedo hace que nos sintamos más seguros mientras estamos subyugados al servicio del más poderoso, llegando incluso a sentir fascinación por quién nos tiene sometidos.

Supongo que pocos libros como “El corazón de los tinieblas” son una metáfora tan clara de lo peor de la condición humana. Un viaje a través de un largo río con forma de serpiente, casi protagonista de la historia, hacia lo desconocido, hacia al abismo… donde los presagios no son nada esperanzadores. Marlow, el protagonista, ejerce de Pepito grillo de la conciencia de este denominado primer mundo mostrándonos el lado más salvaje y oscuro de la complejidad humana y de una locura que a veces no conoce límites.

Un libro que aunque sea un clásico de la literatura del s.XX, no está entre mis favoritos, aunque si lo recomendaría a cualquier lector ávido de una historia atrayente con un final que te turba y que no te deja indiferente. Quizás este lector potencial pueda explicarme la obsesión casi irracional de Marlow por Kurtz al que no conoce y que para mí el autor no define lo suficiente.

Joseph Conrad
 Más de 75 años después y de las dos primeras partes de “El padrino” el director estadounidense Francis Ford Coppola se atrevió con una versión de la obra de Conrad, que ya es un clásico del no solo bélico, sino de la historia del cine, “Apocalypse Now”.
Una versión un tanto libre, ya que de la jungla africana del libro, pasa a la jungla vietnamita de la película, del genocidio cultural y moral de los colones europeos en el Congo del siglo XIX al genocidio militar del gobierno estadounidense en Vietnam de mediados del siglo XX, de la devastación medioambiental centrada en el marfil a la locura de una guerra sin sentido con algunos intereses políticos bastante incomprensibles.




Todos estos cambios son mayoritariamente superficiales en la forma ya que la película recoge el sentido y el alma de la novela. Casi tres horas de metraje con el mismo espíritu, el mismo viaje hacia el abismo que en su día quiso dejar plasmado Joseph Conrad.
La película comienza, paradójicamente con el tema del grupo The Doors, “The end” (“El final”), donde Martin Sheen, con la única compañía del alcohol, el tabaco y algún arma, aún no sabe que el destino le va a conducir hasta un sobrecogedor Kurtz, interpretado por Marlon Brando, en uno de los grandes papeles del cine.


El principio de una historia hacia un final inolvidable.