sábado, 29 de diciembre de 2012

NAVIDAD EN CASTILLA Y LEÓN (I): SEGOVIA

En estas fechas es muy típico las comidas con compañeros, amigos y familia, también es muy frecuente en estos días dedicar algunas tardes para realizar compras y todo esto es posible porque disponemos de algo más de tiempo libre que en el resto del año, es lo por lo que se puede aprovechar para realizar algún viaje, ya sea en el Puente de la Inmaculada, en Navidad, Año Nuevo o Reyes.
Si eres de los que en estos días vas buscando los espectaculares alumbrados de Navidad en la principales avenidas de una gran ciudad o los mastodónticos centros comerciales con todos los escaparates iluminados y adornados convenciéndonos para entrar a comprar, quizás esta entrada de este blog no sea la más adecuada, pero si en cambio buscas alguna ciudad relativamente pequeña y algo más tranquila que las grandes urbes y que vive la Navidad de otra manera, Segovia podría ser un buen lugar para pasar algunos de estos días.


Segovia es una ciudad que se encuentra a las faldas de la Sierra de Guadarrama que sus 55000 habitantes hacen que la capital sea como un gran pueblo grande que se puede recorrer perfectamente a pie y ver en pocos días.
Lo más destacable de esta ciudad y cuyo emblema la hace internacionalmente conocida es su acueducto romano. La distribución de fuerzas de sus 166 arcos unidos por piedras de granito hacen que no necesiten ningún tipo de argamasa por lo que parece increíble que haya aguantado impasible en tan buen estado después de casi 2000 años. Una obra de ingeniería que no se cansa uno de ver desde cualquier punto de vista, ya sea desde abajo, arriba en las murallas o desde la lejanía, de noche o de día. Todo un símbolo de la arquitectura romana en España.

 
Acueducto de Segovia

Si otro monumento que también identifica a Segovia, es su alcázar, residencia oficial de los principales reyes castellanos, de los Reyes Católicos y de los reyes posteriores. Para llegar a este emblemático edificio, en el extremo oeste de la ciudad, se puede hacer por tres recorridos distintos.


El más concurrido y directo es partiendo desde la misma plaza Azoguejo, donde se encuentra el acueducto, por la calle Cervantes, pasando por la Casa de los Picos (donde se pueden ver exposiciones de arte) hasta llegar a la calle Juan Bravo que es la arteria más comercial y viva de la ciudad. Anexa a esta peatonal calle está la plaza de San Martín con la Iglesia románica del mismo nombre, junto al Torreón de Lozoya donde en estos días se puede contemplar una magnífica muestra de belenes con piezas del S. XIX. Desde Juan Bravo continuamos por la calle Isabel “La Católica” que confluye en la Plaza Mayor donde los soportales de la misma acogen el ayuntamiento de la ciudad, el Teatro Juan Bravo y la catedral.
La Catedral de Segovia es conocida como La Dama de las Catedrales por sus dimensiones, su elegancia y por su esbelta torre del campanario que se divisa a decenas de kilómetros. Debido a que su construcción se dilató durante más de 200 años, es de las últimas catedrales de estilo gótico, aunque ya contiene algunos rasgos renacentistas.

Catedral de Segovia, desde la Plaza Mayor
Desde la catedral hay un pequeño paseo hasta llegar al otro edificio emblemático de Segovia, el Alcázar. Este edificio de origen medieval cambió su fisionomía en las posteriores restauraciones llevadas principalmente por Felipe II, que, gracias a la grandeza de su imperio, fue el que le dio la actual forma de castillo centroeuropeo, tan poco utilizado en España, con sus cubiertas cónicas de pizarra negra sobre las torres. Desde este castillo salió Isabel “La Católica” para coronarse reina en la cercana Iglesia de San Miguel, en la Plaza Mayor de la ciudad. En su interior podemos apreciar su patio de armas, la Sala de los Reyes y las estancias privadas de todos los reyes que han morado en el castillo, principalmente el hermano de Isabel, Enrique IV, que era un completo enamorado de la ciudad. Si se dispone de una buena salud física es casi imprescindible la subida de los 152 escalones de la Torre de Juan II para ver una de las mejores vistas de la ciudad, de la meseta castellana y de las nevadas cumbres de Guadarrama.

Alcázar de Segovia
Otra de las rutas propuestas para andar desde el acueducto hasta el alcázar es por el Barrio de los Caballeros. Este es el barrio más al norte de la ciudad. Por sus calles podremos admirar y contemplar el pasado de más esplendor de la ciudad en la que las familias nobles y poderosas construían sus casas palaciegas a la sombra de la corte. Por estas callejuelas nos encontraremos con palacios góticos, renacentistas y barrocos, y fachadas con el típico esgrafiado segoviano en sus paredes. También saldrán a nuestro paso numerosos conventos e iglesias románicas donde destaca sobre todas las demás, la de San Esteban, con su fantástico atrio que cobija la portada de la iglesia, sus capiteles de las columnas pareadas y la torre de 53 metros de altura que es visible desde muchos puntos de la ciudad. Una iglesia de las más bellas del románico castellano, y más si la encuentras sin esperarla, de noche, a la luz tenue de las farolas y con las calles semidesiertas.

Iglesia de San Esteban
La otra zona, también para pasear entre el alcázar y el acueducto, es la de la judería, muy cercana al barrio de la catedral. Este arrabal se percibe más humilde, con casas de cal y entramados de madera. En él se encuentra la Sinagoga Mayor, que ahora no es visitable por estar en restauración. Está protegido por las murallas y sus siete puertas, donde pudimos acceder y subir por la de San Andrés, con vistas al cercano arroyo Clamores donde se encuentra el cementerio judío de la ciudad.
Puerta de San Andrés (2012)

Puerta de San Andrés (postal de 1920)

Segovia, una ciudad que asombra e impresiona desde su interior, desde dentro de sus murallas, pero también desde fuera, desde sus alrededores. Podemos bordearla por la orilla del arroyo Clamores con una panorámica desde abajo de la catedral y del Alcázar para continuar con la vega del otro río que abraza la ciudad, el Eresma, para completar la ciudad por sus dos flancos en los que está levantada. Por este lado y cerca del cruce con la carretera que nos lleva al vecino pueblo de Zamarramala, se encuentra en un privilegiado mirador de la ciudad, la pequeña y austera Iglesia de la Vera Cruz, de la Orden de Malta, con su planta circular y torre cuadrada. Una parada en las afueras para apreciar, con la tranquilidad y la belleza del lugar, Segovia. Una ciudad para pasear, para comer, para relajarte, para dejarse llevar con una contradicción ya que quizás uno de sus atractivos sea también uno de sus mayores inconvenientes, la gran cercanía a Madrid hacen que en estos días se llene de turistas, abarroten las calles, los comercios y los bares quitándole quizás ese punto de tranquilidad que esta ciudad necesite para apreciarla en todas sus vertientes.



De todos es conocido que el plato típico segoviano es el cochinillo al horno, pero no sólo de carne se alimenta el hombre, así que aquí también es muy conocida la Sopa Castellana (muy parecida a la sopa de ajo) y de postre el Ponche Segoviano, que es un postre a base de huevo, crema, mazapán y bizcocho todo cubierto de azúcar glas.

Sopa castellana, cochinillo asado y ponche segoviano
Todo muy bueno y muy recomendable pero que no degusté en la capital segoviana, sino que lo hice en una pequeña salida que hice a uno de los pueblos mas auténticos arquitectónicamente hablando y muy conocido últimamente por los rodajes que en él se hacen. El pueblo es Pedraza, a unos 40 km de la capital. La única entrada al pueblo es por un pequeño arco de piedra que una vez se cruza parece como si retrocedieras 500 años.
Plaza Mayor de Pedraza (Segovia)
Un pueblo amurallado, con castillo incluido que actualmente pertenece a la familia del pintor Ignacio Zuloaga, de piedra y madera donde apenas se puede ver algún elemento discordante, no sólo en el centro, sino en toda la villa. Es sorprendente pasear por cualquier calle de Pedraza, rodear una esquina y seguir encontrándote los letreros, las farolas, las casas,… típicamente medievales, como su Plaza Mayor porticada donde se encuentra la Iglesia de San Juan, el ayuntamiento y algunos restaurantes. En esta plaza se han rodado algunos anuncios publicitarios como el de “La Lechera”, series de TV como “Tierra de lobos”, “Toledo”, “Águila roja”, “Isabel” o películas como la última versión de “Blancanieves”. Un pueblo de cine donde el decorado son las piedras centenarias que lo forman.



miércoles, 5 de diciembre de 2012

CANCIONES CLÁSICAS DEL ROCK

Los que leéis este blog podéis haber comprobado cuales son mis hobbies, en que invierto el tiempo libre del que dispongo. Mirando las etiquetas podéis ver que leer, viajar y el cine son de los temas que más escribo. El cine y la literatura, quizás por ser más baratos y disponer cada día de tiempo para practicarlos son los que más espacio me ocupan. Viajar, que para mí es la mejor inversión personal que se puede hacer, no la llevo tanto a la práctica tanto como quisiera debido a que a veces se necesita no poco tiempo y sí mucho dinero.

Pero otra pasión que me acompaña siempre… todos los días, a veces casi sin darme cuenta, es la música. Al no requerir ningún tipo de esfuerzo está presente en nuestras vidas cuando estamos en la ducha, cuando conducimos, antes de dormir, …

Es cierto que en este blog le he dedicado muy pocas palabras y entradas a la música. Es por lo que esta entrada voy a mostrar algunas canciones que me han marcado, algunas hace ya más de 25 años que las estoy escuchando y otras que las he descubierto relativamente hace poco tiempo. Todas ellas pertenecen al género del rock que quizás puede que sea el que más me gusta y emociona. Y todas ellas con una particularidad que las hace especiales: con un comienzo suave, lento, a veces como una balada para continuar o terminar con un potente y soberbio final.

En mi época adolescente, hace ya más de veinte años, mis grandes bandas de referencia eran, y aún hoy lo siguen siendo, entre otras cuantas, son IRON MAIDEN y METALLICA. Estas legendarias bandas tienen muchas grandes canciones. Por la banda británica voy a destacar, un gran clásico: “Halloweed By The Name”.



La banda californiana METALLICA tiene quizás uno de las grandes canciones del rock, y de la música, “One”, basada en la película “Johnny cogió su fusil”. Nos narra la tragedia de un hombre mutilado en la guerra. Es curioso pensar que hace más de dos décadas era mi canción favorita sin saber ni lo que la letra decía. Años después y sabiendo ahora lo que nos cuenta, no puedo evitar que se me pongan los pelos de punta al escucharla, imposible escucharla sin mover la cabeza.



Continuando con bandas míticas, no podía dejar atrás QUEEN y su “Bohemian Rhapsody”, una canción fuera de lo común, que podréis encontrar más información en una entrada del bloguero Juanra:



Destacar que pocas veces existe una versión mejor que la original, a mí particularmente la versión de Bruce Dickinson (vocalista de Iron Maiden) y de Montserrat Caballé supera a la de Freddy Mercury. Cuestión de comparar.

Otro tema que traigo es de una de las bandas padres del rock, LED ZEPPELIN, “Stairway to heaven”, que curiosamente la descubrí relativamente hace poco. Un tema que empieza con unas notas suaves subiendo paulatinamente el ritmo para acabar, como dice el título, directamente subiendo por una escalera hacia al cielo.



La última del rock de la que voy a hablar, pero que podía ser la primera perfectamente, y aprovechando que todavía queda cerca noviembre, es lluvia de noviembre (“November rain”) de GUN`S AND ROSES. Un gran clásico moderno donde pocas veces un videoclip le ha hecho tanto mérito a una canción con sus más de 9 minutos que hacen engrandecer más todavía si cabe la canción formando uno de los mejores videos musicales que se recuerdan.



Para ir acabando estas recomendaciones, no podía dejar atrás otras canciones de otros géneros que también empiezan suaves para acabar en lo más alto, como puede ser “Creep” de RADIOHEAD o una pieza clásica conocida por todos como el “Bolero” de RAVEL, con unos riffs difícilmente olvidables y un final extraordinariamente apoteósico.

Así que disfrutad de esta entrada, y hacedle caso a Platón que decía que "la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo".

sábado, 27 de octubre de 2012

EL ANIMAL MORIBUNDO

Que el destino te golpee cuando tu vida va llegando al ocaso tiene que ser un momento duro, extraño, ya que de un momento a otro te cambia la forma de pensar, el prisma con el que ves tu realidad, tu mundo. Puede ser que en los últimos años de tu existencia descubras al hombre que hasta entonces nunca has sido o por lo menos nunca has reconocido. Una fuerza interior inesperada que deja atrás al hombre frío sin sentimientos que tú creías que eras.

Esto es lo que le ocurre a David Kepesh, el protagonista de “El animal moribundo”, una novela corta del escritor Philip Roth.
Philip Roth, nacido en Estados Unidos en 1933, es uno de los grandes escritores actuales, conocido por otros grandes libros como “La mancha humana”, “Pastoral americana” o “El pecho”. Es desde hace algunos años, aspirante al premio Nobel de Literatura y ganador entre otros muchos premios del Booker Internacional, del Pulitzer o del más reciente, el Príncipe de Asturias de las Letras 2012.


En este libro el autor nos cuenta en primera persona la vida del sexagenario Kepesh, afamado crítico literario y de televisión, profesor de literatura en la universidad, que aprovechando este estatus social se aprovecha de sus alumnas para mantener una relación sexual, que cada año la renueva por una joven distinta. Un año, se enamora de una de ellas, Consuelo, una veinteañera de origen cubano que de la pura relación sexual pasa al amor y de ahí a la obsesión, con todo lo que ello puede llegar a ocasionar.

“No importa cuanto sepas, no importa cuánto pienses, no importa cuánto maquines, finjas y planees, no estás por encima del sexo”


Lo que empieza con un argumento rápido se convierte en casi un monólogo sobre los recuerdos y pensamientos del protagonista. Una cómplice y eterna confesión al lector.
Una mirada al pasado desde los ojos de un hombre maduro que ha exprimido la vida al máximo, sin ningún tipo de ataduras (ni morales, ni sociales), sin conciencia, buscando el placer sexual a toda costa, aprovechándolo al máximo el tiempo, ya que sabe con certeza que ese tiempo se va agotando y quiere vivirlo como él quisiera, no como la sociedad le impone.
Es por lo que si de un elixir de la eterna juventud se tratara, el sexo con las chicas jóvenes le ayudara a aferrarse a la vida. No existe la moralidad sexual, y hace partícipe de ella al cómplice lector, ya que no hay reglas en el sexo consentido.

“Quién es libre puede estar loco, ser estúpido, repelente, sufrir precisamente porque es libre, pero no es ridículo. Tiene dimensión como ser”

Nos descubre su pasado, con sus salvajes instintos sexuales, la liberación sexual a partir de los años 60, cuando el protagonista era joven, donde él nunca se ha quedado atrás,…más bien siempre ha estado por delante de la sociedad.

"Purgad mi corazón; enfermo de deseo
y atado a un animal moribundo,
no recuerda ya ni quién es;
y encomendadme al artificio de la eternidad"

El trágico golpe del destino, del que he hablado al principio, le revelará observando un cuadro de Stanley Spencer, "Double Nude Portrait", que la sexualidad a veces no es tan importante. Los cuerpos son carne, carne cruda, como la de un pene flácido de un hombre triste o los senos caídos y la piel estriada de una mujer entrada en carnes ya resignada, al igual que una pierna de cordero. La decrepitud y decadencia de lo que inevitablemente llegaremos a ser.



La soledad y el desamor harán que descubra unos obsesivos sentimientos nuevos para él como los celos, la desesperanza o el miedo a la muerte. Todo esto le ayudará a evolucionar como padre, como amante… como hombre.




Tráiler de la película "Elegy" (2008), basada en la novela "El animal moribundo", dirigida por Isabel Coixet e interpretada por Ben Kingsley y Penélope Cruz

martes, 2 de octubre de 2012

RIGA

Son muchas las ciudades y países que algún día uno desea poder ver. Algunas ya las he visitado, muchas otras están pendientes y muchas más se quedarán sin visitar, pero a veces uno descubre una ciudad, un país, un lugar que en un principio no pensaba visitar en la vida. Este es el caso de Letonia y su capital Riga.

Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Junto a Lituania y Estonia forman las repúblicas bálticas. Letonia tiene una historia muy truculenta debido a las innumerables guerras que han asolado a la Europa del Este durante tantos años. Llegó a formar parte de Rusia a primeros del siglo XX, de nuevo independiente para posteriormente ser parte de la antigua Unión Soviética. Ocupada por la Alemania Nazi hasta que en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial fue anexionada a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hasta que una vez caída ésta se independizó y se exfederó hace tan solo 21 años, por lo que desde 1991 es totalmente independiente e integrante desde el 2004 a la Unión Europea.
Toda esta historia ha ido conformando una ciudad de contrastes, desde su casco antiguo medieval a las fachadas Art Nouveau de la Belle Époque o a los austeros bloques de viviendas de la época comunista, en los barrios periféricos de la ciudad.


El centro histórico de Riga destaca por una belleza exagerada con una variada arquitectura donde destacan las cubiertas de las torres verdes debido al óxido de cobre que las continuas lluvias han retocado su apariencia. Las intrincadas callejuelas serpentean entre las coquetas casas pintadas de colores, como las de la plaza Livu (Livu Laukums), centro neurálgico del casco viejo. En esta plaza se encuentra la curiosa Casa de los gatos que puede pasar desapercibida entre todos los demás edificios, todos ellos rodeados de los puestos ambulantes de colgantes y pulseras de ámbar, matriuskas, flores o cuadros pintados a mano que se encuentran junto a numerosas terrazas.
Livu Laukums
Otra gran plaza del centro es la Dome Laukums donde está la catedral luterana de Dome, que no tiene el ambiente de la anterior pero si una majestuosa arquitectura de las señoriales fachadas que la encierran.

Conforme vas andando por el casco viejo te vas dando cuenta de lo pequeño y desconcertado que es, tanto que es tan fácil perderse como volver a encontrarse. Mientras tanto, se van descubriendo otras joyas de la ciudad como los tres hermanos (tres fachadas contiguas, siendo una la más antigua de la ciudad), la Torre de la Pólvora, el Castillo de Riga (residencia oficial del Presidente letón) junto a la Catedral Católica de Santiago. La postal típica de la ciudad la encontramos en la plaza del ayuntamiento en la Casa de las Cabezas Negras, donde el dorado de sus elementos se refleja en los ladrillos rojizos de su fachada.
Casa de las Cabeza Negras e Iglesia de San Pedro,desde la plaza del ayuntamiento
La mejor vista de Riga a vista de pájaro, junto a la del “Skyline Bar” en la planta 27 del hotel Radisson Blu, es desde lo alto de la torre de la Iglesia de San Pedro. Desde aquí se puede divisar una magnífica panorámica de 360º de toda la ciudad: la imponente torre de telecomunicaciones con sus 368 m de altura (segunda más alta de Europa y doceava del mundo), el río Daugava, que parte en dos la ciudad, la antigua torre de la época comunista, hoy en día Casa de la Cultura, justo detrás de los cinco hangares, hoy mercado, donde se guardaban los zeppelines. A lo lejos, ya fuera del casco antiguo, detrás del Monumento a la Libertad, la Catedral Ortodoxa y justo debajo, a nuestros pies, todo el casco viejo. Unas vistas, unos recuerdos fijos e indelebles en la memoria.
Riga, desde la Iglesia de San Pedro
Dejando atrás el casco viejo, pasando por el Parque Bastejkalns (atravesado por un precioso canal), siguiendo por la avenida Brivibas Iela (que durante la ocupación nazi se llegó a llamar Adolf Hitler) y pasando por el Monumento a la Libertad, (una gran columna con escultura de mujer en su cúspide que conmemora a los soldados caídos en la guerra de la independencia de Letonia) se llega a la que para mí es el monumento más bello de toda la ciudad, la Catedral Ortodoxa de Riga. Una construcción del último cuarto del siglo XIX con una arquitectura típica rusa con sus cúpulas oscuras con bordes y remates dorados soportados por decenas de pequeños arcos, sus muros bicolores de ladrillo visto que realzan mucho más su espectacularidad. La mejor estampa de la ciudad para adquirir una postal antigua, de 1904. Otro pequeño tesoro para mi colección.


Catedral Ortodoxa 2012, desde el hotel Radisson Blu
 
Catedral Ortodoxa, 1904

Paseando por la ciudad se da uno cuenta del pasado comunista del país, todavía perduran los viejos trolebuses de cable o tranvías sobre raíles, los carteles que en algunos lugares aún se puede leer los caracteres cirílicos, así como la cultura por lo público, ya que es sorprendente las grandes avenidas con casi todos los aparcamientos vacíos de vehículos ya que sus habitantes siguen utilizando el baratísimo transporte público. Otro asunto que no me dejó indiferente es la cultura por el deporte, es ardua tarea encontrar personas obesas ya que desde los colegios les inculcan una vida de salud y deporte. Un país que mira hacia delante cultural y lingüísticamente ya que la gran mayoría de sus habitantes jóvenes y de mediana edad hablan perfectamente el inglés. A veces resulta que nosotros no estamos tan adelantados como creemos.

Otro de los grandes atractivos y que sólo por éste es una escusa perfecta para una visita a Riga, es la arquitectura Art Nouveau que se puede apreciar en una gran parte de la ciudad. Y es que la capital europea de esta corriente artística no es ni París, ni Praga, ni Bruselas,… es Riga, ya que es la que tiene más edificios modernistas por metro cuadrado. Grandes fachadas con elementos curvos o entrelazados inspirados en la naturaleza, imágenes de féminas con expresiones realistas que enfatizan las decenas de edificios que bordean al casco viejo de Riga. Un paseo inolvidable no sólo para los amantes del arte, sino para cualquiera con un mínimo de sensibilidad y buen gusto.



La recomendación gastronómica de esta entrada se encuentra justo al lado la Torre de la Pólvora, “Taverna pie Sena Dzintara Cela”, típica taberna donde las camareras ataviadas con el traje típico letón nos dieron la bienvenida con el alegre canto de sus trovas tradicionales. Durante la cena, a la luz de las velas, se degusta los productos típicos de las cuatro provincias de Letonia, como sus quesos, panes, legumbres, su licor popular (bálsamo negro), cervezas, etc. Un buen lugar para brindar por todos los atractivos de Riga y Letonia.



Riga, la gran joya escondida del Báltico a la sombra de las más conocida Tallín, en Estonia (ambas ciudades Patrimonio de la Humanidad), pero que algunos turistas españoles que conversamos nos aseguraron que Riga es más desconocida pero encierra más belleza. Una ciudad que se puede ver en 2 o 3 días, y que con algunos días más también se puede visitar sus alrededores como Jurmala, Sigulda, el castillo de Turaida, la cueva de Gütmana, el río Gauja… que por supuesto también recomiendo.

sábado, 25 de agosto de 2012

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS & APOCALYPSE NOW

"El corazón de las tinieblas” es una novela corta del escritor polaco Joseph Conrad, la cual se puede resumir con unas palabras dichas por uno de sus personajes:
-“El horror, el horror”.
 
La novela nos cuenta el viaje a últimos del siglo XIX de un marinero, Marlow, en busca de aventura y dinero surcando el río Congo por los distintos campamentos europeos recolectores de marfil. Durante el trayecto irá descubriendo que río arriba vive Kurtz, un enigmático personaje en el que todos los indígenas sienten una devoción casi enfermiza por su personalidad.

La historia está basada en el auténtico viaje que el autor realizó unos años antes de escribirla, por lo que es un libro de viaje, una aventura a través de un río, pero no es solamente eso … es mucho más.
Durante la travesía por el río el autor denuncia la crueldad de la primacía en aquella época del hombre blanco sobre el hombre negro, la injusticia del colonialismo ante los terrenos conquistados, la vulnerabilidad de la naturaleza ante la avaricia del hombre por el dinero fácil. Nos relata la reacción de los hombres ante la vulnerabilidad ante situaciones límite, situaciones desconocidas donde a veces, la crueldad, la injusticia y el miedo hace que nos sintamos más seguros mientras estamos subyugados al servicio del más poderoso, llegando incluso a sentir fascinación por quién nos tiene sometidos.

Supongo que pocos libros como “El corazón de los tinieblas” son una metáfora tan clara de lo peor de la condición humana. Un viaje a través de un largo río con forma de serpiente, casi protagonista de la historia, hacia lo desconocido, hacia al abismo… donde los presagios no son nada esperanzadores. Marlow, el protagonista, ejerce de Pepito grillo de la conciencia de este denominado primer mundo mostrándonos el lado más salvaje y oscuro de la complejidad humana y de una locura que a veces no conoce límites.

Un libro que aunque sea un clásico de la literatura del s.XX, no está entre mis favoritos, aunque si lo recomendaría a cualquier lector ávido de una historia atrayente con un final que te turba y que no te deja indiferente. Quizás este lector potencial pueda explicarme la obsesión casi irracional de Marlow por Kurtz al que no conoce y que para mí el autor no define lo suficiente.

Joseph Conrad
 Más de 75 años después y de las dos primeras partes de “El padrino” el director estadounidense Francis Ford Coppola se atrevió con una versión de la obra de Conrad, que ya es un clásico del no solo bélico, sino de la historia del cine, “Apocalypse Now”.
Una versión un tanto libre, ya que de la jungla africana del libro, pasa a la jungla vietnamita de la película, del genocidio cultural y moral de los colones europeos en el Congo del siglo XIX al genocidio militar del gobierno estadounidense en Vietnam de mediados del siglo XX, de la devastación medioambiental centrada en el marfil a la locura de una guerra sin sentido con algunos intereses políticos bastante incomprensibles.




Todos estos cambios son mayoritariamente superficiales en la forma ya que la película recoge el sentido y el alma de la novela. Casi tres horas de metraje con el mismo espíritu, el mismo viaje hacia el abismo que en su día quiso dejar plasmado Joseph Conrad.
La película comienza, paradójicamente con el tema del grupo The Doors, “The end” (“El final”), donde Martin Sheen, con la única compañía del alcohol, el tabaco y algún arma, aún no sabe que el destino le va a conducir hasta un sobrecogedor Kurtz, interpretado por Marlon Brando, en uno de los grandes papeles del cine.


El principio de una historia hacia un final inolvidable.

lunes, 9 de julio de 2012

Senderismo en LA SUBBÉTICA CORDOBESA

Es una auténtica suerte los que vivimos en la provincia de Córdoba porque vivimos relativamente cerca de verdaderas maravillas ya sean arquitectónicas, paisajísticas o culturales. Tenemos la Costa del Sol y la de la Luz para poder refrescarnos en verano, ciudades bellísimas como la propia Córdoba o Granada y pueblos monumentales o pintorescos como Úbeda, Carmona, Zuheros o Ronda. Para esquiar, unas de las mejores pistas de toda España, la de Sierra Nevada, un parque nacional como Doñana, humedal insólito en toda Europa y numerosos parques naturales como el de la Subbética Cordobesa, que es para mí el más cercano y el que más he tenido la suerte de poder visitar.

Este parque natural, el de las Sierras Subbéticas, fue declarado como tal en 1988, siendo también en 2006 por la UNESCO como Geoparque por sus innegables atractivos geológicos, paisajísticos y de diversidad tanto de flora como de fauna.
Es por lo que en esta entrada voy a detallar una ruta de senderismo de las decenas que se pueden hacer entre los 14 pueblos y aldeas que forman el parque natural. Una ruta casi desconocida recomendado por un amigo amante de este entorno y gran conocedor de casi todos sus atractivos.

La ruta es una variante a la conocida ruta de “Las Buitreras” que une las localidades de Carcabuey y Luque.



El comienzo podría ser desde el mismo pueblo de Carcabuey, pero mi grupo y yo decidimos empezar un poco mas adelante para no alargar en demasía la ruta. Al punto de partida de nuestra ruta se accede por un camino que sale a la izquierda en el punto kilómetro 16.200 de la carretera comarcal A-339 que une Cabra con Priego de Córdoba. A 4,5 km del cruce de la carretera se encuentra el cartel informativo que nos indica que estamos a los pies las Buitreras de Abuchite. En este lugar es donde dejamos los coches. 750 m sobre el nivel del mar y en las coordenadas UTM (X386850; Y4150810).

Desde el inicio ya podemos observar a nuestra derecha el impresionante cortado de la Loma de Abuchite que es la zona de la Subbética donde más anidan los buitres leonados. No hizo falta esperar mucho tiempo para ver volar sobre nosotros algunos grandes ejemplares de estos carroñeros. Todavía era bastante pronto para ser presa fácil de estas aves carroñeras.

Buitreras de Abuchite
El primer kilómetro y medio discurre por un camino en muy buen estado, pero con una elevada pendiente por medio de un olivar, así que esperamos con ansias que el terreno llaneara un poco para adentrarnos ya en plena sierra. Una vez dejado atrás el olivar, la flora típica de sierra nos va saliendo al paso con numerosas zonas de matorral como tojos y majuelos donde todavía hay escasez de zona arbórea, pero entre los pocos que hay predominan los árboles autóctonos de la zona como las encinas y acebuches. Justo después pasamos bien cerca del “Cortijo Monte de los leones”. Hay que tener cierta precaución ya que al menos el día que nosotros pasamos había perros sueltos, que aparte de algunos ladridos esporádicos no tuvimos ningún otro problema.

Un poco más adelante y siguiendo siempre el camino, por lo que es imposible perderse, pasamos por el “Cortijo de Don Manuel Ruíz”. Fue una vez pasado el cortijo cuando nos desorientamos un poco, ya que se pierden las rodadas del camino que hasta ahora nos habían guiado. Poca fue la confusión ya que sabíamos que nuestro camino a seguir era por el punto más bajo del collado formado por el Arroyo de Navahermosa, entre la Loma de los Plazuelos a la derecha y la sierra de Lobatejo a la izquierda. Este fue el tramo más hermoso de todo el recorrido, ya que vas caminando por lo que tendría que ser el cauce del arroyo, que este año iba totalmente seco, pero la verdina de las piedras y troncos dan clara muestra de la humedad que cualquier año debe de haber. Supongo que puede ser complicado pasar por aquí un año de lluvias ya que los lentiscos, retamas y madroños de esta zona casi te obligan a ir por el punto más bajo. Aquí no hay pérdida posible, sólo seguir el cauce del arroyo ayudándote además una especie de tirandetas que te guían hasta la salida del valle. Aquí seguíamos siendo vigilados desde las alturas de los buitres que no nos abandonaron en casi todo el recorrido, pero pocos animales vimos a pie de tierra, aunque si sabíamos que tenía que haberlos por las numerosas huellas y tierras removidas por los jabalís justo debajo de los árboles, que en este punto casi cubren los rayos del sol al ser la zona más frondosa de todo el camino.

Poco a poco y casi sin darnos cuenta vamos subiendo y dejando atrás la estrechez del cauce para ir abriéndose el campo a nuestro pies. El valle se va ampliando y a nuestros pasos nos van acompañando algunos ejemplares de caballos y vacas en semilibertad. La vegetación cada está más dispersa: aisladas encinas y pocos matorrales, aunque todo cubierto de un gran manto de hierba que cubre todo el suelo. Ahora divisamos claramente la sierra casi pelada, ya atrás, de Lobatejo (1379 m). Espectacular los restos de una encina alcanzada por un rayo.

Hemos recorrido ya 7 km y nos encontramos en el punto más alto del recorrido a 1215 m de altitud. El esfuerzo ha merecido la pena, la vista es impresionante, ya que tenemos justo enfrente al Picacho de la Sierra de Cabra coronado por la virgen en su ermita y a lo lejos se puede apreciar el monte cónico de la Sierra de Aras, donde se encuentra la patrona del campo andaluz, la Santísima Virgen de Araceli, que desde las alturas saluda a la de Cabra. Justo debajo de ésta se puede divisar el pueblo de Cabra y en un primer término "La Nava" y el “Cortijo de Navazuelo”, próximo destino en nuestra ruta.

Vista desde el punto más alto
A partir de este punto comienza la bajada por un camino entre árboles, con una distancia aproximada de 1.3 km con una pendiente media del 15 % y una máxima del 32 %.
El “Cortijo de Navazuelo” ya en “La Nava de Cabra” dista 9 km desde que empezamos hace ya poco más de 3 horas. A partir de aquí y dejando atrás ya la llanura de “La Nava” nos disponemos a hacer una larga bajada en zigzag entre un extensísimo olivar con la Sierra del Pepitre a nuestra derecha. El cansancio, el calor y los kilómetros recorridos hacen que esta parte de la ruta no sea tan vistosa como la que hemos visto hace algunos momentos.


Con algo más de 16 kilómetros acumulados en nuestros pies llegamos hasta nuestro destino, la gasolinera “La Zamora”, a 580 m sobre el mar, en la A-339.


Una ruta de senderismo muy poco conocida, ya que no está reconocida como tal, en la que la soledad de todo el trayecto (hasta que no llegamos a “La Nava” no nos cruzamos con ningún otro senderista) hace que el encuentro con este paraje de la naturaleza sea más atractivo y aprovechado por nuestros sentidos en uno de los lugares más espectaculares de toda la provincia de Córdoba y que siempre es una delicia volver a deleitarse visitando cualquier lugar de este parque natural de la provincia cordobesa.

jueves, 7 de junio de 2012

EL DÍOS DE LAS PEQUEÑAS COSAS

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido", esta frase de “El Club de los Poetas Muertos” de Nancy H. Kleinbaum es la que me viene a la memoria al recordar el encuentro 24 años después de los protagonistas de la novela de “El Díos de las Pequeñas Cosas” de la escritora india Arundhati Roy.


Arundhati Roy es una escritora india, nacida en 1961, que alcanzó el éxito mundial con ésta, su primera novela, que es semiautobiográfica y que fue ganadora del premio Booker en 1997. Es una mujer comprometida con las desigualdades y las grandes injusticias, por lo que es conocida además de su faceta literaria por sus ideales pacifistas, ecologistas y feministas.
Arundhaty Roy


En “El díos de las pequeñas cosas” la escritora utiliza a tres generaciones de una misma familia, los dos hermanos gemelos, Estha y Rahel, su abuela maltratada por su abuelo; su madre, divorciada y enamorada de un indio de diferente casta (algo impuro para una católica sirio-ortodoxa); una tía-abuela soltera envidiosa y supeditada a las costumbres locales; su tío, divorciado de una inglesa teniendo una hija en común...
La novela da saltos en el tiempo, ya que está ambientada en dos épocas distintas: en un principio, en la India de finales de la década de los 60. Un país convulso donde la sociedad de aquella época estaba subordinada a la cultura de las castas, al marxismo, a los tabúes, a las tradiciones represoras, a la religión, al machismo, a la distinción de clases... y en un segundo lugar en el tiempo, en el año 1993, donde los personajes se reúnen sin mirar atrás y sin poder olvidar lo que la vida les ha deparado.

Es un libro que aunque esté ambientado en el estado indio de Kerala y centrado en su exótica cultura y en sus costumbres en un determinado período, queda patente que habla de una historia universal y atemporal, ya que describe a la humanidad en general con sus innegables defectos y virtudes. En ella se mezcla el amor, las pasiones llevadas al límite, los anhelos inalcanzables, la pérdida de la inocencia y el dolor que viene camuflado de muchas formas distintas, donde a veces la muerte es una puerta de salida mas fácil que la humillación o la vergüenza.

Kerala, India


Nos narra el reencuentro de dos hermanos después de haber vivido una infancia dolorosa debido a un desafortunado accidente que marcará para siempre la vida no sólo de ellos dos, sino de todos los personajes involucrados en este hecho. Es por lo que en su unión años después buscarán desesperadamente la redención y el perdón que durante toda su vida han buscado infructuosamente.
Una novela conmovedora, llena de ternura y sensibilidad, pero no muy fácil de leer, con una realidad tan cruda que la autora ha tenido que poner como filtro de los hechos la mirada y el punto de vista de los dos niños pequeños, amortiguando así un poco la dureza de los hechos. Una historia muy humana escrita con las lágrimas de los recuerdos y de la injusticia.

Al principio puede costar un poco entrar en la novela ya que los nombres orientales y el desorden cronológico de los capítulos no ayudan especialmente a integrarte en la historia, pero eso no evita, una vez pasado este punto, que te atrape para no poder, ni querer, soltarte hasta las últimas frases del libro, donde en las cuales la dureza desgarradora del texto se mitiga en parte con un bellísimo encuentro amoroso, dejándote así atrás el sabor amargo del texto.
Un sabor amargo muy parecido al que me causó la primera vez que vi la película de Clint Eastwood “Mistic River”, pero que también al final se nutre de una filosofía muy similar a la de películas tan entrañables como “El club de los poetas muertos” o “Amelie”, y es que una frase, quizás la mejor del libro, dice así:

“Las Grandes Cosas siempre se quedaban dentro. No tenían adónde ir. No tenían nada, ningún futuro. Así que se aferraron a las Pequeñas Cosas.”

miércoles, 23 de mayo de 2012

PROVINCIA DE CUENCA

Continuando con mis días en la provincia conquense dedicamos un día a pasarlo fuera de la ciudad para conocer otros lugares interesantes cercanos a la capital.

Quizás el lugar de la provincia más conocido y visitado es “La ciudad encantada” así que no desaprovechamos la oportunidad de ver aquella maravilla natural. En el camino y después de seguir la interminable hilera de chopos que bordean la ribera del Júcar nos detuvimos en lo que es una parada casi obligada, el denominado “Ventano del Diablo”, una perforación en la roca con forma abovedada y una vista impresionante, por medio de dos grandes ventanales naturales, a una garganta formada por el río Júcar, a más de 200 m de altura, donde se puede apreciar en el fondo la corriente de agua color azul turquesa del río.
 
Ventano del Diablo
“La Ciudad Encantada”, a unos 30 km de la capital, es un paraje natural formado por grandes moles de rocas calizas que con el paso de los millones de años y junto al viento, agua e hielo han dado lugar a unas formaciones cársticas de tal singularidad y belleza, conocido internacionalmente.
El itinerario señalizado, de unos 3 kilómetros aproximadamente, se recorre fácilmente en unas dos horas con un nivel apto para todos los públicos, pero especialmente recomendable para los niños que seguro disfrutarán de las caprichosas formas que la naturaleza ha esculpido creando lo que su propio nombre indica, una ciudad encantada.
La distinta composición de las rocas hace que la erosión sobre las mismas haya sido diferente modelando figuras muy reconocibles como pueden ser figuras humas, animales u objetos que a veces resulta casi imposible imaginar como pueden mantenerse en pie durante tantos miles de años, un ejemplo claro es el que puede ser el símbolo de la ciudad, el “Tormo Alto”.

Tormo Alto
Entre todo este milagro de la naturaleza se encuentra las formaciones con forma de barcos gigantes varados en la tierra, “El perro”, “La tortuga”, “El mar de piedra”, el elefante junto al cocodrilo, “El tobogán”, etc. Un paseo entre piedras prehistóricas, acompañado de los pinos, quejigos, matorrales y demás flora autóctona que harán una visita inolvidable en el tiempo.

"La foca" en La Ciudad Encantada
En nuestro camino hacia otro monumento natural de la provincia, el Nacimiento del Río Cuervo, nos depararía varias gratas sorpresas que casi te obligan a hacer paradas aunque éstas sean de corta duración, tal es el caso de la laguna cercana al pueblo de Uña.
La Laguna de Uña, formada por el dique de un afluente del Júcar, se encuentra en la base de unos imponentes cortados calizos que contrasta el color ocre de las piedras con el casi inexplicable color verde aguamarina tan habitual en estos parajes.

Laguna de Uña

El curso del Júcar nos guiaba río arriba, hacia el Nacimiento del Río Cuervo, pero cruzando el pueblo de Tragacete vimos el cartel de información del nacimiento del Júcar, así que nos desviamos unos pocos kilómetros para ver el nacimiento de un río que desemboca en la ciudad valenciana de Cullera, casi 500 km más adelante.
Al final no llegamos hasta el mismo nacimiento pero sí hasta una zona recreativa llamada “La cascada del molino” que son unos pequeños rápidos de agua entre desniveles, árboles y piedras que queda un poco antes del nacimiento y que a estas alturas se encuentra a escasos 6 kilómetros de la provincia de Teruel, en Aragón.

"Cascada del Molino", cerca del nacimiento del río Júcar
No hace falta ser muy perspicaz para saber que el nacimiento del río Cuervo es uno de los grandes atractivos turísticos de Cuenca: sólo hace falta ver el espacio destinado para el aparcamiento de los coches, y es que este paraje está declarado como monumento natural.

Un pequeño sendero construido a base de tablones de madera te llevan directamente a las cascadas del río. Es una lástima que en un año tan seco como el presente apenas caigan varios hilos de agua, algunos congelados, desde lo alto de la peña. Tiene que ser un espectáculo de especial belleza poder ver las chorreras todas cargadas de agua deslizándose entre el musgo formando estalactitas cayendo a la poza inferior.

Nacimiento del río Cuervo
Se puede acceder a la parte superior de la cascada, donde aquí el agua se almacena en varios pequeños estanques naturales que quedan escondidos al verse envueltos por las montañas y los pinos ofreciéndonos uno de los rincones más bellos de la serranía de Cuenca.





Atravesando el “Parque Natural Sierra de Cuenca” ya de vuelta a la capital y con la visita inesperada pero atractiva de algunos ciervos en la carretera visitamos casi de pasada el pequeño pueblo de Las Majadas. Una villa donde todavía se puede respirar el encanto de la madera y las piedras en sus casas típicamente rurales y serranas, con sus corrales y sus huertos, donde parece que el tiempo se paró hace ya algunas décadas.

El último día, ya de vuelta hacia el hogar buscando el sur, los pequeños destellos brillantes, debido a la sal, de las carreteras de montaña se quedaron atrás para dar paso a las extensas llanuras interrumpidas solamente por los pequeños pueblos blancos y por las leves subidas y bajadas de los cerros.

Fue en la comarca limítrofe de las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca donde por último nos quisimos empapar de la cultura de la zona, y que mejor manera que visitando esas construcciones cilíndricas encaladas con capirote oscuro y aspas de madera que coronan desde las lomas algunos pueblos como El Toboso, Belmonte, Campo de Criptana o Mota del Cuervo y que resumen la típica estampa manchega, sus molinos de viento.

Molinos de viento en Mota del Cuervo
-“Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino”. -Esto lo que le dijo Sancho a su amo Don Quijote frente a unos molinos, que quizás y debido a su cercanía a El Toboso podrían ser los mismos molinos que nosotros vimos.
Aquí, en el denominado “Balcón de La Mancha” se puede divisar una gran extensión de terreno, con la localidad justo debajo y donde cada primer domingo de mes el molino llamado “El gigante” gira para hacer una pequeña demostración de molienda del grano, pudiendo acceder a su interior y subir hasta su parte más alta.


Uno de los 7 que quedan de los 23 que en su día existieron en Mota del Cuervo y que todavía, afortunadamente, resisten al paso de los siglos.

sábado, 28 de abril de 2012

CUENCA

Con el pasar del tiempo voy poco a poco visitando sitios soñados, rincones persistentes en la memoria y ciudades encantadoras, en definitiva lugares que llevaban ya bastantes años pendientes. En uno de los últimos puentes, contando con los pocos días que tenía disponibles y los múltiples atractivos, el destino estaba muy claro, la ciudad de Cuenca y su provincia.

Como casi todas las ciudades con historia se pueden dividir entre la parte nueva y la antigua, y ésta no podía ser de otra forma. Así que para acceder al casco viejo que está en la parte alta de la ciudad y que es uno de los cascos antiguos españoles declarados Patrimonio de la Humanidad, se alcanza casi obligatoriamente por la colorida calle Alfonso VIII, una cuesta arriba que es un gran mosaico de fachadas de alegres colores que te dan idea de la arquitectura y el carácter de los lugareños.

Calle Alfonso VIII
La calle acaba en los soportales del ayuntamiento que es el acceso principal de la Plaza Mayor, corazón neurálgico del casco viejo de la ciudad donde se puede acceder a la gran mayoría de las callejuelas.
Una plaza mayor, de forma trapezoidal, no muy grande donde se concentran algunos bares y restaurantes, las típicas tiendas de regalos, algún convento y la catedral.

Uno de las primeros lugares para hacerse una imagen general de la ciudad es ascender hasta el punto más alto de la ciudad, junto al castillo, como es conocido por los conquenses, aunque más bien se podría decir la muralla del castillo ya que es lo único que queda de la fortaleza medieval. Desde este punto se puede divisar todo el casco antiguo de la ciudad, la hoz del Huécar, el convento de San Pablo que actualmente acoge al Parador Nacional de Cuenca. Una de las mejores vistas de la ciudad.


Junto al castillo, en la Puerta del Trabuco, hay un mirador que se puede apreciar la hoz del Júcar, otra impresionante cuenca al igual que la del Huécar, constatando así que la ciudad está prendida entre los dos grandes valles de dos pequeños ríos formando una imagen única donde las casas se asoman al abismo sobre las alturas. Pocas veces arquitectura y naturaleza forman un equilibrio tan espectacular y perfecto.

El centro del casco antiguo y origen de las callejuelas de la ciudad es su Plaza Mayor donde se enclava el monumento más importante de toda la ciudad, la catedral. La primera catedral gótica de Castilla, que abarca en su arquitectura desde estilo al renacentista pasando por el barroco. Quizás lo que más sorprende son sus novedosas vidrieras de arte abstracto que conjuga genialmente con una edificación gótica, dando una luminosidad en el interior de la misma nunca vista por mí en edificios de esta naturaleza. Totalmente plausible la mezcla de estilos tan variados y tan lejanos en el tiempo en un único recinto.



Cuenca es una ciudad que te invita a pasearla, mirarla y enamorarte de ella. Muchos son los lugares donde disfrutarla. Muy cerca de la catedral, en el casco viejo todo queda cerca, está el puente de San Pablo, una estructura metálica creada por un discípulo de Eiffel muy criticada por el pueblo ya que tras derrumbe de una parte del antiguo puente de piedra se optó por sucumbir a la moda del acero de principios del s. XX en vez de recuperar su estructura original. Este puente que salva la hondura de la hoz del Huécar da acceso al convento de San Pablo, hoy convertido Parador Nacional, donde pasaron la primera noche de su luna de miel los Príncipes de Asturias. Pudimos entrar para verlo por dentro y tomar un café en la antigua capilla junto al gran claustro del mismo.


Cuenca es la provincia española que más museos tienen por habitante y su capital es una clara muestra de ello, como la “Fundación Antonio Pérez” con obras de Antonio Saura, Manolo Miralles, Carmen Calvo y de artistas internacionales como Warhol. Pero sobre todo el gran museo pictórico y escultórico de la ciudad es el “Museo de Arte Abstracto Español” con obras de Zóbel, Picasso, Tàpies o Chillida, el cual esta enclavada en el símbolo de la ciudad, las Casas Colgadas, un edificio del S. XIV que asoma al Huécar donde la arquitectura le roba el lugar al espacio. Un símbolo de la vinculación de esta ciudad con la modernidad, que si te gusta este tipo de arte no te defraudarán.

Por la noche, a una hora donde la gente prefería protegerse del tremendo frío castellano, contratamos durante unas dos horas un guía que nos enseñó los distintos barrios del casco viejo, las leyendas de la ciudad antigua y sus mejores rincones, como la solitaria y bellísima calle de San Julián, los particulares rascacielos de Cuenca, el barrio de San Miguel, donde hay una zona de pubs, algunos colgados como las famosas casas, la Torre de Mangana, en el antiguo barrio judío de la ciudad.

Calle de San Julián
Incluso entramos en lo que hoy es un hostal, “Posada de San José”, que fue en su día la casa del yerno y discípulo de Velázquez, Martínez del Mazo, que según cuenta en esta posada, el genial pintor sevillano se inspiró en una estancia de esta casa para ambientar su obra más famosa “Las meninas”.


Posada de San José y "Las meninas"

La visita guiada se alargó mucho más de lo esperado gracias al fervor y la pasión con que nuestro guía nos enseño los encantos de su ciudad. Luego descubrimos que éste era el autor de algunos libros del arte y la historia de Cuenca, entre ellos el que compramos “Breve historia ilustrada de Cuenca”.



En Cuenca hay muchos lugares donde se puede comer muy bien y donde probar los platos típicos de esta ciudad como el sabrosísimo zarajo y el morteruelo (a mí particularmente no me gustó), así como un licor de café, el resolí, fuerte pero muy bueno y el alajú, una torta a base de almendras y miel no apta para mantener la línea.

Como en cualquier otra ciudad turística, se puede comer en lugares donde se aprovechan en demasía de los turistas y otros donde se puede comer relativamente bien y no muy caro. Yo, por supuesto, recomendaré algunos de estos últimos como “San Juan Plaza Mayor” un restaurante ubicado en la misma plaza mayor ideal para la tapa del mediodía y la cena en su comedor por la noche con un ambiente joven. Otro lugar donde es ideal tapear es “La bodeguilla de Basilio” decorado tradicionalmente donde en la barra por algo más de 6 euros nos pusieron 2 bebidas, un caldo bien caliente para dos y una considerable ración con huevos fritos, jamón y berenjenas rebozadas en la primera ronda y con calamares y chipirones en la segunda.

Tapas en "Bodeguilla de Basilio" 
Otra zona para tapear, en la zona nueva de la ciudad es en la calle San Francisco y para las últimas copas de la noche en el barrio de San Miguel, anexo a la Plaza Mayor.




Quedándonos todavía pendiente algunos rincones de su provincia, constatamos que Cuenca es una ciudad digna de visitar, al igual que otras ciudades españolas del centro, ya que se asemeja mucho a Cáceres o a Toledo, quizás para mí se me asemeje más a la ciudad extremeña que a su vecina manchega, ya que es una ciudad que une lo mejor de muchas: serrana, castellana y manchega.
En definitiva, una ciudad para visitar obligatoriamente, vivir en ella varios días para empaparte de ella, recorrerla pausadamente, disfrutarla poco a poco ya que “caminando Cuenca al viajero le brotan de súbito alas en el alma, desconocidos mundos en el mirar”.

PD.- Ésta última frase no es mía, es del Nóbel Camilo José Cela.